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INIA implementa moderna técnica para determinar la composición nutricional de los quesos

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Como una forma de potenciar la producción de quesos en la zona sur de Argentina y establecer los aportes nutricionales de cada producto, el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), implementó una nueva técnica para determinar la composición nutricional de quesos en menos de 24 horas.

“Utilizando la técnica de Espectroscopia del Infrarrojo Cercano NIRS es posible obtener los resultados en menos de 24 horas”, destacó investigadora de INIA Remehue, Iris Lobos.

Iris Lobos, ingeniero en alimentos, Dra. en Alimentación y Medio Ambiente e investigadora de INIA Remehue, explicó que “los métodos tradicionales usados para determinar la composición nutricional de quesos son los análisis bromatológicos, que son más lentos y más costosos que otros métodos más modernos. Es por ello que hemos decidido implementar nuevas técnicas como la Espectroscopia del Infrarrojo Cercano, conocida como NIRS por sus siglas en inglés, que tiene la gran ventaja de ser un método muy preciso y más rápido”. Al respecto la especialista en calidad agroalimentaria del INIA sostuvo que “hoy gracias a la implementación de esta técnica podemos tener resultados en menos de 24 horas”.

La profesional del INIA agregó que para evaluar el potencial del NIRS como método para la rápida cuantificación de la composición nutricional de los quesos producidos en la Región de Los Lagos se utilizaron 50 muestras de queso chanco recolectadas en 10 queserías de la Región de Los Lagos, específicamente en Salto Chico, Los Muermos, Fresia, Makal, Carretera Austral, Chamiza, Sector Tres Cumbres, Centinela, Sector Monteverde, Pichidamas y Maullin.

Los quesos fueron analizados en el laboratorio de Bromatología del Centro Regional de Investigación INIA Remehue, ubicado en las cercanías de Osorno y se evaluaron parámetros como humedad, materia grasa, proteínas, calcio y sodio por métodos analíticos de referencia y espectroscópicos.

“A partir de la evaluación del modelo se reafirmó la elevada capacidad predictiva de la metodología NIRS, lo que lo convierte en una alternativa real para la rápida cuantificación de la composición nutricional de los quesos producidos en la zona sur de Chile”, puntualizó la experta.

En cuanto a los resultados de las muestras, indicó que “se observan niveles similares de proteína, grasa y sodio para todos los quesos, lo que se explica por varios factores como el uso de una receta específica para un tipo de queso como es el chanco y la utilización de una materia prima muy similar en todas las muestras como es leche de vaca producida en sistemas pastoriles de la Región de Los Lagos”. Además, subrayó que “desde el punto de vista comercial, elaborar quesos parecidos en composición nutricional puede representar una ventaja, porque permitiría abastecer a un mercado amplio con productos de similares características y calidad nutricional, sin embargo, estos resultados muestran las dificultades que enfrentan las queserías artesanales desde el punto de vista de la diferenciación de sus productos a la que aspiran las distintas fábricas, empresas y marcas, que buscan alcanzar mejores precios, de ahí la importancia de generar también nuevas recetas y distintos tipos de quesos más allá de los tradicionales quesos de fundo, mantecosos, chanco y gauda, que se han transformado en un commodity dentro de la oferta de quesos”.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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