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Industria Cárnica Bovina en Estados Unidos

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Este trabajo está dedicado al clúster de carne y al programa Progana, que apoya las exportaciones de carnes de res (Estados Unidos); pero cometen el error de apoyar el ganado de doble propósito y éste, es incompatible con la producción de carne de alta calidad. En el mundo cárnico; con el ganado de doble propósito, no se logra carne gourmet.

El inventario de vacunos en el mundo asciende a 1,500 millones de animales; de los cuales, en el continente americano hay 525 millones. La producción de carne de res en el 2017 en el mundo estuvo por el orden de 61 millones de toneladas métricas, de los cuales Latinoamérica aportó 25%, especialmente Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Colombia.

En Estados Unidos el inventario de ganado es de 94 millones de animales, de los cuales se ordeñan 9.4 millones de vacas para leche y en crianza de carne 32.5 vientres. Asimismo, hay unos 900 mataderos o procesadoras de carne, que faenan 34 millones de animales cada año, donde los novillos se alimentan a base de pastos y al final para que tengan buena terminación, reciben alimentos balanceados de 3 a 6 meses, dependiendo de los requisitos de los consumidores y los novillos lleguen al matadero de 500 a 650 kilos, antes de los 22 meses de nacidos, porque mientras más joven sea el animal, la carne tiene más terneza. El marmoleo o grasa incrustada en la misma carne, se logra con la raza y nutrición. Con el marmoleo se tiene una carne con textura suave, buen sabor y jugosa, que en el trópico se obtiene al cruzarla con una raza europea.

Las razas de carnes en EUA son principalmente Brahman, Angus, Hereford, Senepol, entre otras. La sanidad de los animales es controlada por funcionarios del gobierno, que dan supervisión a los ganaderos y a los mataderos. Si la carne se vende como orgánica, el control es superior y es a base de pastos la alimentación, sin recibir el animal antibióticos, para controlar infecciones.

Los becerros nacen de 25 a 45 kilos y se quedan en el potrero recibiendo toda la leche de la madre y al destete pesan de 200 a 300 kilos. El sistema de ganado de doble propósito casi no se usa, porque es más eficiente producir carne con ganado especializado, ya que la carne del becerro que la madre es ordeñada no es de alta calidad y el mercado internacional, demanda carnes de alta calidad.

Los novillos en confinamiento (cerrados en comederos) tienen que ser cebados con alimentos balanceados y requieren que a la finca llegue un especialista en nutrición, para que al final el animal tenga una eficaz nutrición. En RD no existe la cultura de producir novillos que lleguen al matadero a los 22 meses de nacidos y tengan sobre 500 kilos para el matadero, pero habrá que aprender. El país importa millones de dólares en carnes gourmets; en consecuencia, el gobierno vía la banca estatal debería apoyar la producción de carne de alta calidad, con financiamiento hasta 15 años de plazo.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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