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Implementar Buenas Prácticas Ganaderas para Ahorrarnos las Pérdidas en Carne Bovina

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Especialistas argentinos trabajan para implementar Buenas Prácticas Ganaderas (BPG) a fin de garantizar la seguridad del ganado y la calidad del producto carne. Recomendaciones técnicas. 

El concepto de calidad entre los consumidores mutó. Ahora, buscan productos que cumplan con ciertas pautas de elaboración en línea con la naturaleza y que aseguren la seguridad del alimento. En este sentido, cuidar el bienestar animal del rodeo a faenar, no es una cuestión menor. Es que, de acuerdo con un estudio del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de Argentina (INTA), a mayor cuidado más producción y calidad de la carne.

Entre las exigencias más comunes están las referidas al cuidado y las buenas prácticas en los procesos de cría, transporte y faena. Así lo indicó Luis Rhades –especialista en bienestar animal del INTA General Pico, involucrado en el Proyecto Regional con Enfoque Territorial del Este de La Pampa– quien además se refirió a una “evolución hacia la ganadería de precisión”.

En este sentido, ponderó la necesidad de “implementar las buenas prácticas ganaderas y los principios bienestar animal a fin de evitar perder 13 mil toneladas de carne en la secuencia operacional del dressing en la que se eliminan los machucones, abscesos y lesiones, a los efectos de una presentación uniforme del producto a comercializar”.

“Un buen manejo hace la diferencia”, sentenció Rhades para quien resulta “fundamental” implementar las normativas legales y la observación de indicadores de cómo se deben manejar los animales durante todo el proceso.

Para esto, es necesario –en principio– erradicar los malos hábitos y entender el comportamiento y costumbres de los animales a fin de conducirlos al objetivo, sin malos tratos. “Mediante las buenas prácticas lograremos animales más dóciles, con menos estrés y, en consecuencia, más fáciles de manejar”, aseguró y agregó que esto, a su vez, mejora las condiciones de trabajo y la calidad de vida de los trabajadores.

En materia de sanidad, Rhades especificó que la implementación de buenas prácticas en los partos, también, influye en la vida reproductiva del animal. “Si el objetivo es obtener un ternero por vaca por año se debe ser responsable y contar con personal competente, debidamente capacitado y supervisado por un veterinario”, aclaró.

Foto. “Un buen manejo hace la diferencia”, sentenció Rhades para quien resulta “fundamental” implementar las normativas legales y la observación de indicadores de cómo se deben manejar los animales durante todo el proceso.

Otro aspecto importante en materia de sanidad, según Rhades, es el manejo de la jeringa. “La inoculación o inyección de un zooterápico implica, de por sí, un acto quirúrgico. Por lo que debe hacerse con responsabilidad con instrumentos limpios, adecuados y con el debido mantenimiento”.

En muchos casos, como consecuencia de la falta de higiene en las jeringas se forman abscesos, lo que genera mal estar y mucho dolor a los animales, los que dejan de comer con la consecuente pérdida de peso y perjuicios económicos.

En cuanto a la picada eléctrica, Rhades subrayó que el uso de este instrumento es “inaceptable e inconcebible” debido a las lesiones musculares que provoca en los animales, con el consecuente decomiso por hemorragias y la ineptitud de la carne para su posterior procesamiento y consumo.

Sólo en casos aislados y excepcionales se puede aplicar pero sólo a la altura de los garrones o en zonas poco sensibles. Además, el técnico advirtió que “su empleo indiscriminado se traduce en animales intranquilos, doloridos, miedosos y difíciles de manejar”.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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