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Identificando Portadores de una Enfermedad Ósea en los Bovinos de la Raza Angus Rojo

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Investigadores norteamericanos han desarrollado una prueba que identifica los bovinos de la raza Red Angus que son portadores del gen responsable de la enfermedad de huesos de mármol, también conocida como la osteopetrosis. Foto cortesía de la Asociación Americana de Red Angus. 

Una nueva prueba que detecta una enfermedad ósea que es rara y mortal en los bovinos de la raza Red Angus ahora está disponible a los productores del ganado bovino, como resultado de estudios por científicos del Servicio de Investigación Agrícola de los EE.UU (ARS).

La enfermedad de huesos de mármol, también conocida como la osteopetrosis, no ha sido observada en EE.UU. desde los años sesenta antes de su surgimiento en los bovinos de la raza Red Angus hace tres años. Este defecto congénito, el cual afecta a los seres humanos, el ganado bovino y otros animales, causa el desarrollo anormal de la cavidad cerebral y la cavidad medular, llevando a huesos excesivamente densos y frágiles. Los terneros que tienen esta mutación típicamente son mortinatos o se mueren pronto después del nacimiento.

Para combatir esta enfermedad en el ganado bovino, científicos del Centro Estadounidense Roman L. Hruska de Investigación de Animales para Carne (USMARC por sus siglas en inglés) mantenido por el ARS en Clay Center, Nebraska, y el Centro Henry A. Wallace de Investigación Agrícola (BARC) mantenido por el ARS en Beltsville, Maryland, colaboraron con socios universitarios y en la Asociación Americana de Red Angus para identificar la mutación genética que causa la afección. Ellos luego desarrollaron una prueba diagnóstica basada en el ADN que identifica los portadores de la osteopetrosis.

ARS es la agencia principal de investigaciones científicas del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA por sus siglas en inglés), y esta investigación apoya la prioridad del USDA de promover la seguridad alimentaria internacional.

Químico Tim Smith y genetista Tara McDaneld, quien trabajan en la Unidad de Investigación de la Genética y la Crianza en el USMARC, genetista Tad Sonstegard en el BARC, y colegas en la Universidad de Illinois compararon el ADN de terneros afectados y sus padres con el ADN de animales no afectados. Una examinación del genoma entero de todos los terneros para descubrir segmentos cromosómicos comunes y no comunes reveló una anormalidad.

En los terneros afectados con la osteopetrosis, una porción del material genético de SLC4A2, el cual es un gen ubicado en un segmento de cromosoma 4, fue ausente. El descubrimiento de esta falta fue el primero en el ganado bovino, según McDaneld. El SLC4A2 es imprescindible para la función y el mantenimiento apropiado de los osteoclastos, los cuales son células que descomponen el hueso viejo durante el desarrollo y la modificación de huesos.

Los científicos pudieron desarrollar una prueba basada en la reacción en cadena de la polimerasa en menos de un año, según Smith. La prueba se usa para ayudar a manejar la osteopetrosis e identificar los posibles portadores.

Los resultados de esta investigación han sido publicados en ‘Biomed Central Genomics’.

Lea más sobre esta investigación en la revista ‘Agricultural Research’ de septiembre del 2011.

Fuente: Agencias

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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