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Hacia un sector ganadero más sostenible

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El estado mundial de la agricultura y la alimentación analiza los rápidos cambios de la producción pecuaria a nivel global

Cerca de mil millones de pobres dependen de la producción pecuaria

Inversiones urgentes, grandes esfuerzos en investigación agrícola y una sólida gobernanza son requisitos para garantizar que el sector pecuario mundial pueda responder a la creciente demanda de productos animales y contribuya al mismo tiempo a la mitigación de la pobreza, la seguridad alimentaria, la sostenibilidad ambiental y la salud humana, según informó la FAO en una nueva edición de su principal publicación anual: El estado mundial de la agricultura y la alimentación (SOFA, por sus siglas en inglés).

El informe subraya que el ganado es esencial para los medios de subsistencia de casi mil millones de pobres. El ganado proporciona ingresos, alimentos de alta calidad, fuerza de tiro, material de construcción y fertilizante, contribuyendo así a la nutrición y la seguridad alimentaria. Para muchos pequeños productores, el ganado supone igualmente una importante red de seguridad en tiempos de necesidad.

Por ello la FAO ha insistido en la necesidad de inversiones sustanciales e instituciones más sólidas a nivel mundial, regional, nacional y local, para garantizar que el crecimiento continuo del sector pecuario contribuye a los medios de subsistencia, satisface las exigencias crecientes de los consumidores y atenúa la preocupación por cuestiones ambientales y de salud.

«La rápida transición del sector pecuario ha venido desarrollándose en medio de un vacío institucional», asegura el Director General de la FAO, Jacques Diouf, en el prefacio del informe. «La cuestión de la gobernanza es básica -añade-. Identificar y definir el papel adecuado del gobierno, en su sentido más amplio, es la piedra angular sobre la que debe asentarse el desarrollo futuro del sector ganadero». «Son necesarios esfuerzos para garantizar que este sector en rápido crecimiento contribuye en forma plena a la seguridad alimentaria y la reducción de la pobreza, convirtiéndose en un sector ganadero más responsable», según Diouf.

Fuerza motriz

El sector pecuario experimenta uno de los crecimientos más rápidos en la agricultura, según indica el informe de la FAO. La ganadería representa el 40 por ciento del valor mundial de la producción agrícola y soporta los medios de subsistencia y la seguridad alimentaria de casi mil millones de personas. A nivel mundial, contribuye al 15 por ciento del total de la energía alimentaria y el 25 por ciento de las proteínas incluidas en la dieta. Los productos pecuarios aportan micronutrientes esenciales que no se obtienen fácilmente de otros productos alimentarios vegetales.

El aumento de los ingresos, el crecimiento demográfico y la urbanización son la fuerza motriz detrás de la creciente demanda de productos cárnicos en los países en desarrollo, y seguirán siendo importantes. Para satisfacer la creciente demanda, se espera que la producción anual mundial crezca desde los 228 millones de toneladas actuales a 463 millones en 2050, con un aumento estimado de la población bovina de 1 500 millones a 2 600 millones de reses y de la población de cabras y ovejas de 1 700 a 2 700 millones, según las estimaciones de la FAO.

Medios de subsistencia

La elevada demanda de productos alimentarios animales implica grandes oportunidades para que la ganadería contribuya al crecimiento económico y la reducción de la pobreza. Pero muchos pequeños campesinos se enfrentan a diversas dificultades para seguir siendo competitivos con sistemas productivos más intensivos y de mayor tamaño. El informe advierte sobre «está apareciendo una brecha cada vez mayor entre aquellos que pueden aprovechar las ventajas de la creciente demanda de productos pecuarios y los que no pueden».

La FAO recomienda que se apoye a los pequeños productores para que aprovechen las oportunidades que ofrece un sector pecuario en expansión y en el manejo de los riesgos asociados al aumento de la competencia. Unas estrategias de desarrollo más amplias y que creen más empleos rurales pueden ayudar a aquellos que se ven incapaces de adaptarse y competir en un sector que se moderniza con rapidez. «Los responsables de la formulación de políticas tienen también que reconocer y proteger la función de red de seguridad que representa la ganadería para los más pobres».

Impacto ambiental

El informe señala la necesidad de aumentar la eficacia del uso de os recursos naturales en el sector y reducir la huella ambiental de la producción pecuaria. La meta es garantizar que el continuo crecimiento de la producción ganadera no cree una presión excesiva sobre los ecosistemas, la biodiversidad, los recursos de tierra y bosques y la calidad del agua y no contribuya al cambio climático. Mientras que algunos países han realizado progresos para reducir la contaminación y deforestación asociada con la producción pecuaria, otros muchos requieren políticas adecuadas y capacidad para hacer cumplir las normas. Las políticas basadas en el mercado, como los impuestos y las tasas por el uso de recursos naturales o el pago por servicios ambientales, podrían estimular a los productores a garantizar que la producción pecuaria se realiza de forma sostenible.

La ganadería puede desarrollar un papel importante tanto en la adaptación al cambio climático como en mitigar sus efectos en el bienestar de la humanidad, según la FAO. Para aprovechar el potencial del sector para contribuir a la mitigación y adaptación al cambio climático mediante una mayor capacidad de vigilar, informar y verificar las emisiones de la producción pecuaria, será necesario el desarrollo de nuevas tecnologías.

Las enfermedades animales plantean riesgos sistémicos que es necesario abordar, asegura también la FAO. Mientras continúan apareciendo nuevos agentes patógenos, se requieren inversiones en infraestructuras para garantizar la salud animal y la inocuidad de los alimentos, con el objetivo de reducir el riesgo de transmisión de enfermedades animales a los humanos. Los ganaderos pobres deben de involucrarse más en los esfuerzos en la lucha contra las enfermedades.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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