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Gobierno de EE. UU. Supervisará Procesos de Edición Genética en Ganado como Cambio Radical para este 2021

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De acuerdo con el portal Drovers, el Departamento de Agricultura de EE. UU. (USDA por sus siglas en inglés) anunció su intención de supervisar el ganado editado genéticamente, lo que calificaron como un cambio radical.

El secretario de Agricultura, Sonny Perdue, aseguró que este sería un paso significativo en la modernización de las regulaciones de los animales de granja modificados o producidos por ingeniería genética.

“Este sería un cambio radical para el sector agropecuario”, dijo Greg Ibach, subsecretario de marketing y programas regulatorios del USDA.

De acuerdo con Ibach, con esta medida buscan alcanzar a países como Canadá, Argentina, Brasil y China, que ya han iniciado un recorrido en el desarrollo de biotecnología animal para mejorar la salud y el bienestar de los animales.

“Esto ayudará a nuestros productores a poder usar menos antibióticos, tratar menos animales enfermos y poder eliminar rasgos que, como los cuernos, causan estrés animal en el ciclo de producción”, agregó el funcionario.

El año pasado, la administración actual ordenó a las agencias federales que agilizaran el proceso de aprobación de los productos biotecnológicos utilizados en la agricultura.

El USDA solicitará comentarios sobre un eventual marco regulatorio que modernizaría el sistema en un proceso científicamente sólido que facilite el desarrollo y uso de estas tecnologías para agricultores y ganaderos estadounidenses bajo las autoridades.

A principios de este año, el gobierno avanzó en la reglamentación para regular la biotecnología vegetal por primera vez en 30 años. Con apoyo de las autoridades de salud animal y seguridad alimentaria, siguieron trabajando para sacar adelante la normativa.

“Ahora tenemos una propuesta sobre la que nos gustaría recibir comentarios sobre dónde usaríamos esas autoridades para poder brindar una solución segura y basada en la ciencia para aprobar el comercio de biotecnología animal”, explicó Ibach.

El Servicio de Inspección de Sanidad Animal y Vegetal del USDA (APHIS) ya cuenta con un proceso de revisión para la edición de genes en plantas, que puede servir como modelo para el ganado.

También trabajan en conjunto con la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA), que ha trabajado para regular la biotecnología en alimentación animal en el marco de sus funciones como la máxima autoridad para aprobar fármacos.

“Como sabemos, estos no son medicamentos sino alternativas que mejoran la salud y el bienestar animal, rasgos como la vaca Holstein sin cuernos que fue desarrollada por Alison Van Eenennaam” señaló el funcionario del USDA.

Y agregó: “Trabajar con la FDA para identificar un camino a seguir utilizando nuestra autoridad reguladora de salud animal y seguridad alimentaria para los animales de consumo es un progreso”.

Mientras que la FDA tendría autoridad sobre animales con rasgos biotecnológicos para usos biomédicos o farmacéuticos, el USDA planea usar los mismos estatutos de seguridad alimentaria y salud animal para regular el ganado y aplicarlos a la biotecnología animal.

A pesar de que EE. UU. ha sido durante mucho tiempo un líder en genética ganadera, los investigadores resolvieron ir a Canadá, Brasil, Argentina y China para poder comercializar estas tecnologías porque “no tenemos un camino claro a seguir en EE. UU.”, según Ibach.

“Esto nos ayudará a poner a los agricultores y ganaderos estadounidenses primero, ponerlos en el asiento del conductor, si podemos desarrollar una autoridad reguladora predecible que les dé acceso a estos rasgos y no a sus competidores extranjeros”, agregó,

A su juicio, trasladar la supervisión al USDA mejorará el proceso para avanzar en tecnología que permita desarrollar rasgos que reducirían el uso de antibióticos, desarrollarían rasgos que garantizarían bienestar animal y tal vez incluso mejorarían el trato humano en nuestras granjas, lo que no solo beneficiaría a los animales y los productores sino también a los consumidores.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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