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Ganaderos de Chile exigen que no se llame “carne” a las imitaciones de origen vegetal

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Los productores Chilenos respaldan un proyecto de ley que se debate en el Congreso, que pretende preservar el nombre solo para alimentos de origen animal.

Los productores ganaderos de Chile han iniciado una batalla para que el uso del concepto carne sea usado de manera exclusiva para vender y promocionar productos de origen animal, lo que terminaría con la denominación para las hamburguesas, chorizos o salchichas elaboradas a partir de elementos vegetales. El reclamo derivó en un proyecto de ley, el que avanzó a la Comisión de Agricultura del Senado.

En 2019, la Sociedad Agrícola y Ganadera de Osorno (Sago), un gremio que reúne a los criaderos de vacuno de la ciudad de Osorno, en el sur del país sudamericano, reclamó formalmente por la distribución de alimentos alternativos, destinados principalmente a personas vegetarianas o veganas, que usaban el rótulo de carne. Por ejemplo, las hamburguesas de carne de soya, que se preparan de forma idéntica a su símil carnívora.

Christian Arntz, director ejecutivo del gremio, pidió entonces al ministerio de Salud (Minsal) corregir “el error de llamar carnes a alimentos de origen vegetal”. “Lo que corresponde es que carne se llama a todo lo que proviene de tejidos, especialmente la musculatura, de animales de abasto. Pueden ser vacunos, aves, cerdos u ovinos”, afirmó el dirigente, quien aludió a un posible “engaño a los consumidores”. La queja se sustentaba en una aparente infracción a una ley que indica que los productos vendidos como carne, pero elaborados sobre la base de vegetales, debían especificar en su etiquetado la “verdadera naturaleza del alimento” para “no inducir a error respecto de la naturaleza y condición física auténtica” del producto.

El reclamo fue acogido por la entonces subsecretaria de Salud, Paula Daza, del Gobierno de Sebastián Piñera, quien en mayo de 2019 comunicó a la propia Sago que instruiría a las regiones para fiscalizar el cumplimiento de la norma. Posteriormente, un grupo de diputados —todos representantes de la zona rural de Chile— presentó un proyecto de ley para reforzar la solicitud de los ganaderos.

La propuesta legislativa, firmada por los parlamentarios Harry Jürgensen (del Partido Republicano, de la derecha conservadora), Miguel Mellado (RN, de la derecha tradicional) y Gastón Von Mühlenbrock (UDI, de la derecha tradicional), Iván Flores (democristiano), Mario Venegas (democristiano) y Fernando Meza (del Partido Radical, de la centroizquierda oficialista), fue aprobada por la sala de la Cámara Baja durante el mes de abril de este año.

La norma establece que se entenderá como carne a “la parte comestible de los músculos de los animales de abasto como bovinos, ovinos, porcinos, equinos, caprinos, camélidos y de otras especies aptas para el consumo humano”. Además, una indicación señala que las hamburguesas, chorizos, salchichas, cecinas de origen vegetal no podrán ocupar la palabra carne si no tiene una proporción mayoritaria de elementos de origen cárnico.

Durante esta semana, la propuesta avanzó al Senado, en donde fue defendida por uno de sus autores, el actual senador Flores. “Para debatir, hemos invitado a la asociación de nutricionistas vegetarianos, a diversos ministros, a la Corporación de la Carne y numerosas organizaciones para, de esta forma, tener presentes todas las visiones. El consumidor merece que exista un etiquetado claro, sin confusiones”, ha expresado el legislador, quien además preside la Comisión de Agricultura.

La profunda discusión lingüística sobre la denominación de la carne se ha extendido hacia otros productos de origen animal, con consecuencias legales. En 2020, la Asociación Gremial de Productores de Leche de la Región de Los Ríos (Aproval) demandó a la empresa chilena The NotCompany, elaboradora de las bebidas vegetales NotMilk. De acuerdo a los productores lácteos, la compañía estaba incurriendo en una “competencia desleal” al presentar su producto estrella como una leche. En mayo pasado, el Primer Juzgado Civil de Valdivia dio la razón a los lecheros.

En 2017, el gremio de la leche de origen animal ya había ganado una batalla, ya que impulsó una denuncia por la venta de leche vegetal (elaborada sobre la base de almendras) en dos supermercados. Las autoridades sanitarias terminaron cursando una multa a las tiendas.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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