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Desarrollan las células madre bovinas inmortalizadas que podrían permitir la producción de carne infinita

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El proyecto de la Universidad de Tufts – Boston podrá alimentar a millones de personas en el mundo y replicar a la perfección el sabor y la textura de la carne natural.

La producción masiva de carne infinita está más cerca de convertirse en una realidad, ya que, varios investigadores de la Universidad de Tufts han sido capaces de desarrollar unas células madre musculares bovinas inmortalizadas (iBSC) que pueden crecer rápidamente y dividirse indefinidamente.

Aunque para que la ganadería celular, es decir, el proceso de cultivo de carne en biorreactores, alimente a millones de personas, será necesario superar aún varios desafíos técnicos, ya que, se deberán cultivar células musculares de pollo, pescado, vacas y otras fuentes de alimentos para producir millones de toneladas métricas por año.

Las células madre musculares y grasas extraídas de animales vivos deberán tener una capacidad muy alta para crecer y dividirse, si su función va a ser la de comenzar un cultivo. Estas Estas células primigenias generalmente se dividen solo unas 50 veces antes de que comiencen a envejecer y ya no sean viables. Si bien es teóricamente posible que estas células madre produzcan una cantidad sustancial de carne, las células inmortalizadas desarrolladas por el equipo de TUCCA ofrecen varias ventajas, como la de producir significativamente más masa para la producción de carne y reducir la barrera de entrada para que otros investigadores exploren la agricultura celular.

«Por lo general, los investigadores han tenido que hacer sus propios aislamientos de células madre de animales, lo cual es costoso y laborioso, o usar líneas celulares modelo de especies menos relevantes, como células musculares de ratón», dijo Andrew Stout, estudiante de posgrado en TUCCA y líder investigador del proyecto, «Usando estas nuevas líneas celulares bovinas persistentes, sus estudios pueden ser más relevantes, literalmente yendo directo al meollo del asunto».

Dos pasos han sido clave para transformar las células madre de músculo bovino regulares en las células madre de músculo bovino inmortalizadas. La mayoría de las células, a medida que se dividen y envejecen, comienzan a perder ADN en los extremos de sus cromosomas, que se denominan telómeros, como cuerdas gastadas que se deshilachan con el uso. Esto puede dar lugar a errores cuando se copia o repara el ADN. También puede provocar la pérdida de genes y, finalmente, la muerte de células.

Los investigadores diseñaron las células madre bovinas para reconstruir constantemente sus telómeros, manteniendo efectivamente sus cromosomas «juveniles» y listos para otra ronda de replicación y división celular.

El segundo paso para inmortalizar las células fue hacer que produjeran continuamente una proteína que estimula una etapa crítica de la división celular. Esto acelera efectivamente el proceso y ayuda a que las células crezcan más rápido.

Stout y su equipo de investigación descubrieron que las nuevas células madre sí se diferenciaban en células musculares maduras, aunque no del todo idénticas a las células musculares animales o a las células musculares de las células madre bovinas convencionales.

«Es posible que estén lo suficientemente maduros para replicar el sabor y la textura de la carne natural», dijo Stout, «Eso es algo que tendremos que explorar más a fondo. Se están duplicando a un ritmo muy rápido, por lo que es posible que necesiten un poco más de tiempo para alcanzar la plena madurez».

«Si bien algunos pueden cuestionar si es seguro ingerir células inmortalizadas, de hecho, cuando las células se recolectan, almacenan, cocinan y digieren, no existe un camino viable para el crecimiento continuo», dijo David Kaplan, profesor de ingeniería biomédica en Tufts y director de TUCCA. «Al igual que la carne natural que comemos hoy, las células simplemente se convierten en material inerte que esperamos tenga un sabor delicioso y brinde una amplia gama de beneficios nutritivos».

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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