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Ganaderos Cubanos Fomentan y Diversifican Áreas de Pastos

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Si para graficar los elementos esenciales que sustentan el desarrollo ganadero tomara como referencia las partes de una mesa, aseguraría sin equívocos que la alimentación- a base de especies forrajeras- constituye la principal pata o pilar que la sostienen; las restantes son: reproducción, atención veterinaria y calidad genética del rebaño. 

El especialista cubano, Máster en Ciencias Agrícolas, Gabriel Oquendo Lovaina, quien ha dedicado la mayor parte de su vida a esta actividad, reconoce que partiendo de una sugerencia de Dr. Adolfo Rodríguez Nodal, jefe del Grupo nacional de agricultura urbana y sub urbana, ya funcionan en esta provincia cubana de Holguín, 30 fincas de introducción y multiplicación de especies forrajeras; algunas de las cuales desarrollan hasta 20 variedades.

“Entre las especies que se introducen y figuran entre las más destacadas en el Trópico, están: la Guinea Liconi, una gramínea que favorece el pastoreo y se ha extendido a casi toda la provincia; así como las conocidas por OM- 22, CT- 169, CT- 115, que se multiplican en todos los municipios”.

¿Particularidades? 

“Todas contribuyen al desarrollo ganadero de la provincia. Algunas son de corte y acarreo, otras sirven para el pastoreo, pero todas, como una fuente vital de alimento para los animales. Es obvio que la prominencia de estas especies depende también de la atención que se les brinde a las plantaciones”.

¿Qué unidades van delante en estos cultivos? 

“El problema de citar a productores radica en que puede haber omisiones involuntarias, pero puedo destacar la finca del banense, Joel Quintana, que tiene 18 variedades; la vaquería El Vapor, del municipio Rafael Freyre: unidad que es símbolo de la ganadería en el país, con 20 de las mejores especies introducidas en Cuba; la finca, 28 de septiembre de la Nasa, en el municipio de Gibara; y la de Jucarón, en este municipio cabecera.

“También están la fincas de Los Nava (Cacocum); la de Rolando Ávila (Báguano); la de Armando Santiesteban (Calixto García); la de Camarones (Rafael Freyre); en los Altos de Nipe (Mayarí). En todos los casos se tiene en cuenta su adaptabilidad, resistencia y aportes nutricionales”, precisó el investigador del Instituto de Pastos y Forrajes.

José Martí describió a Holguín como “…tierra seca que se bebe toda la lluvia”

“Así es, pues además del problema del drenaje de los suelos, nuestra provincia es afectada por reiteradas, prolongadas e intensas sequías. Para enfrentar esa realidad, las siembras se realizan en etapas óptimas; algunas unidades cuentan con sistemas de riego; y promovemos también tres variedades de caña para cada finca, por la importancia que tiene como componente indispensable en la alimentación del ganado, sobre todo, en períodos secos”.

¿Qué variedades son más extendidas? 

“Se trabajan tres variedades de caña por finca, porque además de la resistencia de la planta, se tiene en cuenta su digestibilidad; es decir, la diferencia entre lo que el animal consume, aprovecha, y lo que expulsa; porque hay variedades que aportan más nutrientes que otras.

“También promovemos la siembra de la “Bermudas 87”, introducida desde Georgia, Estados Unidos, por su adaptación a diferentes condiciones climáticas, como la tolerancia a la sequía, a ciertos niveles de salinidad, y por su elevado valor nutritivo; y porque contiene alrededor del 14 por ciento de proteína bruta, extendemos la “Braquiaria mulato”, porque además, es tolerante a la sequía y se multiplica por semilla gámica y agámica”.

En estas fincas de semillas para fomentar los pastos, se cumple el principio de regionalización, con el aporte de los centros de investigación, precisó el destacado investigador que ha hecho varias publicaciones sobre el tema. “Es precisamente lo que promovemos en el movimiento popular de agricultura sub urbana”.

Destacó el especialista, la importancia de las arbóreas en la alimentación animal, porque contienen biomasa de alta calidad; dan sombra, mejoran el régimen hídrico y la fertilidad de los suelos.

Fuente: Agencias

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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