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Ganadería regenerativa: una alternativa para contrarrestar los efectos del cambio climático

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Sus vacas de la especie Angus, están exentas de hormonas y antibióticos y pasan toda su vida en prados libres de agroquímicos.

El subsecretario de Agricultura, José Guajardo Reyes, llegó hasta los campos de Cerro Azul, en la comuna de Río Bueno de la Región de Los Ríos, para conocer cómo esta productora de carne, desarrolla un sistema integral que recupera suelos, fomenta la biodiversidad y captura carbono.
El cambio climático y la escasez hídrica han provocado que el suelo pierda su condición. Actualmente éste contiene más del 25% de la biodiversidad del planeta y proporciona cerca del 95% de los alimentos que consumimos. Sin embargo, más del 30% ya está degradado y los expertos advierten que si no se toman medidas al respecto, dejará de ser productivo dentro de los próximos años.

Otro factor que contribuye a acrecentar esta problemática es la producción ganadera, ya que el constante pastoreo de las vacas de carne y leche en la pradera, debilita el suelo. Por otra parte, las emisiones de gases de efecto invernadero, generados por los rumiantes, también impactan en el cambio climático. Es por eso que para disminuir esta consecuencia generada por los sistemas productivos convencionales, se ha impulsado una práctica integral que planifica el pastoreo y que permite una buena acumulación de carbono. Se trata de la ganadería regenerativa, un sistema que considera al suelo, el agua, la biodiversidad, las personas y las interacciones que se dan entre ellos como elementos centrales.

Cerro Azul, una ganadera ubicada en la comuna de Río Bueno, en la Región de Los Ríos, es una de las que practica –desde 2019– este sistema productivo. Sus vacas de la especie Angus, están exentas de hormonas y antibióticos y pasan toda su vida en prados libres de agroquímicos.

Para ver cómo se desarrolla este trabajo, el subsecretario de Agricultura, José Guajardo Reyes, llegó hasta los campos de esta productora. En el lugar, trabajadores de la empresa explicaron cómo ejecutan este sistema y acompañaron a la autoridad por un recorrido por los terrenos, donde no sólo predominan las praderas de pastoreo, sino que también un abundante bosque nativo.

“Quisimos estar acá, porque es un trabajo muy interesante el que están haciendo. Es un modelo de producción de carne que considera la recuperación de la pradera y de todo el sistema. No sólo está enfocado en la producción o en la ganancia económica directa, si no que en cómo recuperar ambientalmente esta zona”, señaló el subsecretario.

“Estos modelos productivos van en línea con lo que nosotros estamos trabajando a nivel ministerial, a nivel de Gobierno, estas son las iniciativas que nos gusta destacar y transmitir a las personas”, agregó.

Luis Palacios es el administrador de Cerro Azul. En terreno, explicó diferencias sustanciales entre la ganadería tradicional y la regenerativa. “Damos mucho más tiempo de descanso a las praderas después de que se hace el pastoreo, ese es el punto clave. Entregamos tiempo a las plantas para que desarrollen todo su sistema de raíces y además favorezcan el aspecto biológico que tiene el suelo, que son los microorganismos, las bacterias, los protozoos, las lombrices, los pájaros, los escarabajos, todos empiezan a actuar en conjunto, generando que todos colaboren y ganen”, detalló.

Nueva línea de investigación de INIA

INIA Tamel Aike, el Instituto de Investigaciones Agropecuarias del Ministerio de Agricultura, en la región de Aysén, desarrolló un proyecto que permitirá aplicar nuevos conocimientos sobre el manejo del pastoreo con enfoque en la salud del suelo y en la sustentabilidad de los ecosistemas pratenses.

También creó una nueva línea de investigación y desarrollo de ganadería regenerativa y, durante 2021, se elaboraron protocolos y se establecieron ensayos en el predio experimental de INIA Tamel Aike y de un productor que está trabajando con manejo holístico en la comuna de Coyhaique. Además, se identificaron diferentes parámetros de suelo como línea base de estos ensayos y se están monitoreando cambios en la biodiversidad, rendimiento y calidad de las praderas, secuestro de carbono, infiltración de agua y compactación del suelo.

Por otra parte, el instituto levantó información técnico-financiera para validar los efectos de la ganadería regenerativa y se formó un Grupo de Extensión Tecnológica (GET) en pastoreo regenerativo, el que agrupa a once productores locales interesados en mejorar sus sistemas productivos y generar una ganadería que adquiera carbono en los suelos para tener menor dependencia de insumos externos, como fertilizantes, semillas y herbicidas.

De esta manera el Ministerio de Agricultura se ha propuesto promover este modelo integral de ganadería para extenderlo a más zonas del país, con el propósito de fomentar una producción alimentaria más sostenible y la protección del medio ambiente.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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