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Ganadería: Mejor Prevenir que Curar

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“Sabemos que hay zonas del país con déficit hídrico, por lo que es importante que los productores ganaderos adopten medidas de prevención para disminuir sus consecuencias. Es muy importante comenzar a tomar medidas en las zonas ganaderas donde todavía no se marcó con intensidad la falta de agua. Es mejor prevenir que curar”, recomendó Daniel Rearte, coordinador del programa nacional Carnes del INTA.

Pablo Mercuri –director del Instituto de Clima y Agua del INTA Castelar– indicó que “la deficiencia hídrica en gran parte de la región pampeana tiende a agudizarse, lo que perjudica a las producciones en marcha y siembras pendientes”.

Asimismo, aseguró que la situación es preocupante pero que, a pesar de ello, no es prudente realizar escenarios o estimaciones de previsión de cosecha: “Aún hay que esperar ya que estamos frente a la posibilidad de precipitaciones en el corto y mediano plazo que mejorarían las expectativas productivas”.

Ante la probabilidad de que la disminución de precipitaciones continúe, Rearte consideró importante tomar medidas preventivas: “En primera instancia, debemos preservar los animales: evitar el hacinamiento en los campos y la sobrecarga de terneros”.

En este sentido, recomendó desprenderse o retirar del pastoreo a las vacas, terneras y vaquillonas para suministrarles alimentos concentrados o granos: “Es conveniente reservar los forrajes en forma de heno para las vacas de cría a fines del verano”.

Con respecto a los vientres, Rearte consideró importante clasificar y controlar los rodeos, separar y monitorear las vacas preñadas y aliviar los requerimientos de los animales mediante un destete precoz: “El ternero más caro es el que no se produce”, explicó, para destacar que para la economía del productor “es fundamental asegurar la preñez en las vacas”.

El técnico remarcó la diferencia entre el déficit hídrico de 2008 y el actual: “Si bien la situación es preocupante no muestra la gravedad de épocas anteriores. La falta de crecimiento de los pastos recién comenzó cuando el período de servicio está en su última etapa, lo que no afecta el número de vientres”.

En cuanto a la alimentación de los animales, el técnico sugirió “no desaprovechar los beneficios de la relación de precio grano-carne y hacer reservas forrajeras de rollos, granos, sorgo y maíz”. En este sentido, Rearte afirmó que “la inversión en suplemento es rentable”.

 

Fuente: INTA

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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