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Federal INTA: Nuevo Cultivar de Rye Grass Producido en Argentina

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De ciclo intermedio, alta producción de forraje y macollos, rápida implantación y elevada resistencia a royas.

“La variedad Federal INTA –recientemente inscripto en el Registro Nacional de la Propiedad de Cultivares de Argentina del INASE– es de “ciclo intermedio y se caracteriza por su elevada producción de forraje otoño-inverno-primaveral, rápida implantación, alta producción de macollos, una elevada resistencia a royas –Puccinia coronata y Puccinia graminis– y buena producción de semilla”, indicó José Pedro De Battista, especialista en mejoramiento genético y evaluación de pasturas del INTA Concepción del Uruguay –Entre Ríos–.

“Es un cultivar tetraploide de polinización abierta derivado del policruzamiento de familias selectas en las localidades de Concepción del Uruguay y Pergamino”, expresó Adriana Andrés, especialista en mejoramiento genético de especies forrajeras del INTA Pergamino –Buenos Aires–.

En estado vegetativo, las plantas tienen hojas de color verde claro y su ciclo de floración es intermedio, más tardío que Osiris INTA e Isis INTA, variedades ampliamente difundidas.

“El principal uso de este nuevo cultivar es el pastoreo directo en sistemas intensificados, aunque presenta características sobresalientes para la conservación de forraje como silaje”, señaló De Battista.

“Buena producción de forraje –supera a la mayoría de los materiales evaluados– y alta resistencia a roya de la corona –la principal enfermedad que afecta al raigrás en la región Pampeana– son las principales característica que lo destacan”, dijo el especialista.

El aporte de la genética nacional al panorama varietal de raigrás anual es de gran impacto, debido a que se trata de “materiales seleccionados en las condiciones ambientales de uso, lo que les permite una gran adaptación y excelente comportamiento a los factores bióticos (plagas y enfermedades) y abióticos (suelo, clima) de la región”, destacó.

El raigrás anual (Lolium multiflorum Lam) es una de las gramíneas forrajeras de mayor difusión en sistemas productivos de leche y de carne de diversas regiones de la Argentina, debido a su elevado potencial para producir forraje de calidad bajo diferentes condiciones de manejo.

En esta línea De Battista destacó que mediante un trabajo de cooperación junto al INTA Pergamino, enfocado en el mejoramiento genético y evaluación agronómica de raigrás anual y otras forrajeras, “adaptamos y seleccionamos el germoplasma disponible a las condiciones ambientales y de uso de la Argentina”.

Mediante un convenio de multiplicación y comercialización, Federal INTA será comercializando a través de la Empresa Caverzasi Ortín.

 

Fuente: INTA

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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