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FAO y OIE presentan plan 2012-2016 para combatir las enfermedades transfronterizas de los animales en las Américas

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El 40 % de la carne bovina que se comercializa a nivel mundial viene del continente americano. Las enfermedades de los animales son una seria amenaza para la seguridad alimentaria y el comercio agropecuario.

Programa Global para el Control Progresivo de las Enfermedades Transfronterizas de los Animales

Santiago, 24 de julio 2012 – El Programa Global para el Control Progresivo de las Enfermedades Transfronterizas de los Animales (GF-TADs) presentó su plan de acción 2012-2016 para América, en la Oficina Regional de la FAO.

«El 40 % de la carne bovina que se comercializa a nivel mundial proviene del continente americano. Por ello es tan importante tener mecanismos de coordinación como el GF-TADs que nos permitan estimular las sinergias en la lucha contra las enfermedades transfronterizas», declaró Raúl Benítez, Representante Regional de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO.

Según la FAO, se espera que la demanda de carne aumente un 76 % para el año 2050, mientras que la demanda de productos lácteos se incrementará en un 62 %. El mundo tendrá que producir un 65 % más de huevos que en la actualidad para satisfacer la creciente demanda.

El GF-TADs es una iniciativa conjunta de la FAO y la Organización Mundial de Salud Animal, OIE, que busca controlar y erradicar las enfermedades animales más significantes, incluidas aquellas transmisibles a los humanos.

El impacto de estas enfermedades puede ser devastador para las economías nacionales: en 1998 se estimaba que en El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua las pérdidas anuales por mortalidad de cerdos ascendieron a 20 millones de dólares. Los brotes de fiebre aftosa, por su parte, causan una pérdida mundial anual estimada de 5.000 millones de dólares.

«Más de mil millones de pequeños agricultores de todo el mundo dependen de la ganadería para sus medios de subsistencia», señaló Benítez, quien recordó que los impactos de las enfermedades animales también afectan a los consumidores, que tienen que pagar más por la leche, la carne y otros productos alimentarios cuando la producción se ve afectada por un brote.

El sector pecuario aporta el 46% del producto interno bruto agropecuario y los servicios veterinarios contribuyen a la protección de dicho patrimonio; sin embargo, la inversión pública y privada en el sector es aún muy baja.

«Es necesario invertir más recursos en el fortalecimiento de los servicios veterinarios nacionales» dijo Tito Diaz. Oficial Regional de Desarrollo Pecuario de la FAO. Los estudios de impacto económico de las enfermedades animales que adelantan la FAO y la OIE son un insumo importante para la sensibilización de tomadores de decisión y donantes acerca de la importancia de invertir recursos en el control y erradicación de las enfermedades animales prioritarias. concluyó Diaz.

Plan de acción 2012-2016

Reunidos en Santiago, los miembros del GF-TADs definieron las estrategias de su plan para el continente americano, el cual busca facilitar la colaboración y potenciar al máximo las sinergias entre los organismos internacionales y los países de la región.

«Debemos coordinarnos para evitar la superposición de actividades y aunar esfuerzos», comentó Luis Barcos, Representante de la OIE en las Américas- «Nuestro desafío ahora es poder medir y comparar las diferentes enfermedades a lo largo de los años a través de indicadores».

El plan de GF-TADs también contempla prevenir la aparición de enfermedades emergentes en los animales y reducir sus efectos en la producción, la sanidad animal, la salud pública, los medios de subsistencia y las economías de la región.

«Es esencial buscar sinergias entre los diferentes organismos para compartir los esfuerzos y enfatizar la prevención. Tenemos que avanzar en el conocimiento, usando la experiencia acumulada y aprovechando las lecciones aprendidas», señaló Juan Lubroth, jefe de los Servicios Veterinarios de la FAO.

Del mismo modo, el plan busca promover una adecuada gobernanza de los Servicios Veterinarios, garantizando su financiamiento y fortaleciendo sus capacidades, con el fin de reducir los riesgos potenciales de las enfermedades transfronterizas de los animales sobre la seguridad alimentaria de comunidades vulnerables.

Enfermedades prioritarias para las Américas

El GF-TADs para las Américas se estableció en 2005 para responder a las enfermedades prioritarias de la región: fiebre aftosa (FA), encefalopatía espongiforme bovina (EEB), gusano barrenador del ganado (GBG), influenza aviar altamente patógena (IAAP), peste porcina clásica (PPC) y rabia (R).

La importancia del GF-TADs y la eficiencia en la coordinación de sus organismos miembros dio frutos este año con la erradicación a nivel mundial de la peste bovina, una de las enfermedades del ganado más mortíferas de la historia.

Este virus fue la primera enfermedad animal eliminada en su medio natural gracias al esfuerzo humano y la cooperación internacional, y la segunda enfermedad de cualquier tipo en ser erradicada, tras la viruela, en los humanos.

«La erradicación de la peste bovina nos demuestra que es posible hacer frente a las enfermedades de los animales gracias al esfuerzo coordinado de los países y organizaciones internacionales,» señaló Moisés Vargas-Terán, Oficial de Desarrollo Pecuario de la FAO.

Fuente: FAO

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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