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Estudian Potencial Genético de Cabras Ferales en BCS

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En el Departamento de Zootecnia de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS), un grupo de investigadores está llevando a cabo una serie de análisis a cabras (Capra hircus) extraídas de Isla Espíritu Santo para evaluar el potencial aprovechamiento de su genética en la industria alimentaria.

La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) donó cien especímenes caprinos para su investigación científica a la UABCS, como parte de la Estrategia Participativa para la Extracción de Cabras Ferales de la Isla Espíritu Santo, puesta en marcha en mayo de 2016.

Estos animales permanecieron durante cientos de años aislados de condiciones ambientales y agentes patógenos externos al complejo insular, y se adaptaron a condiciones extremas de estrés hídrico y alimentación.

“En este momento no tenemos datos a priori de cuáles podrían ser los escenarios, a nosotros corresponderá evaluar hasta qué punto podemos aprovechar los caprinos. Si bien un sector los considera como animales resistentes a condiciones extremas, de igual forma estuvieron aislados de patógenos potencialmente dañinos, ahora también van a entrar en contacto con estos agentes y eventualmente pudieran ser animales altamente susceptibles a enfermedades en este tipo de ambientes”, mencionó el doctor Juan Manuel Ramírez Orduña, jefe del Departamento de Zootecnia de la UABCS y miembro nivel I del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

El investigador detalló que los animales son híbridos de una mezcla de muchas razas y su talla es visiblemente más pequeña en comparación con las razas utilizadas habitualmente en la ganadería caprina de Baja California Sur.

“Las primeras evaluaciones serán de corto tiempo y no se tratan de estudios invasivos. Por lo pronto estudiaremos su crecimiento, alimentación y resistencia al consumo de agua salada, algo poco común, para esto debemos analizar el proceso de adaptación del organismo para consumir agua de mar”, explicó el investigador.

El proyecto de investigación es coordinado por el doctor Ramón Cepeda Palacios, especialista en caprinos, y el doctor Rafael Ramírez Orduña, especialista en nutrición animal en la UABCS, quienes en una primera etapa evaluarán a los animales y su potencial de aprovechamiento a través de su rescate genético, posteriormente iniciará una segunda etapa de largo plazo.

Daños en el ecosistema

La Dirección de la Conanp de la Península de Baja California y Pacífico Norte informó que la extracción de cabras de Isla Espíritu Santo es necesaria para restaurar en su totalidad el complejo insular y evitar afectaciones permanentes por la devastación de fauna y flora causada por los caprinos.

Estos animales fueron introducidos al complejo insular hace cientos de años por pescadores y buzos de la industria perlera.

Entre los impactos causados por cabras introducidas al ecosistema insular se consideran alteraciones de la estructura y composición de las comunidades de plantas, erosión y compactación del suelo, extinción de flora y fauna nativas y degradación del hábitat por sobrepastoreo.

“Isla Espíritu Santo se encuentra en buenas condiciones ambientales; sin embargo, existe flora afectada, como centenares de cactáceas que tienen evidentes daños del ramoneo que realizan las chivas para alimentarse y esto es una prueba de que a largo plazo, de manera irreversible, pudiera afectar las condiciones de la isla”, explicó el director de la Conanp de la Península de Baja California y Pacífico Norte, Benito Bermúdez Almada.

El comisionado nacional de Áreas Naturales Protegidas, Alejandro del Mazo Maza, precisó que en esta área natural protegida (ANP) existen alrededor de 800 a 900 cabras, que han generado daños severos a plantas como la pitahaya dulce (Stenocereus thurberi), cardón (Pachycereus pringlei) y nopal (Opuntia sp.).

“En la Isla Espíritu Santo los chivos se introdujeron desde hace cientos de años para alimento de los buzos y pescadores que trabajaban en la industria perlera. Es importante considerar que la mayor parte de las extinciones de especies en el mundo se han debido por perturbaciones de hábitat, a causa de la introducción de especies invasoras. Por tal motivo, la Conanp desde hace más de 16 años ha desplegado programas de erradicación de especies invasoras de manera muy activa”, mencionó Bermúdez Almada.

La Conanp informó que, una vez extraída la última cabra, realizará una valoración del ecosistema para iniciar el proceso de restauración integral del complejo insular en coordinación con dependencias federales, estatales y municipales, así como organizaciones de la sociedad civil e instituciones académicas y de investigación como el Grupo de Ecología y Conservación de Islas, A.C. (GECI) y el Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste, S.C. (Cibnor).

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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