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Estudian Nuevo Modelo de Negocio Usando Vacas Lecheras en Chile

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Esta iniciativa de la empresa FRIMA S.A ProCarne y ejecutada por INIA Remehue, con financiamiento de Innova-Chile de CORFO, es apoyada por la Corporación de la Carne y el Cluster Cárnico Bovino de Chile. En la foto aparecen las vacas del primer lote del ensayo las cuales fueron engordadas mediante pastoreo directo de la pradera y recibiendo una suplementación estratégica de avena.

Un nuevo modelo de negocio que consiste en engordar vacas de desecho o descarte en forma continúa, de manera de hacer entre 5 y 6 engordas dentro del mismo año, para entregar un producto de mejor calidad a la industria, está desarrollando el Centro Regional de Investigación INIA Remehue, en conjunto con la empresa FRIMA S.A ProCarne en Osorno.

Rodrigo Morales, médico veterinario, Doctor en calidad de carnes rojas, e investigador de INIA Remehue a cargo del proyecto, explicó que se están evaluando los sistemas de engorda más apropiados para maximizar la rentabilidad de un nuevo negocio que puede llegar a ser muy interesante para productores ganaderos de la zona sur.

“El objetivo es aprovechar vacas que son descartadas de las lecherías por su baja productividad lechera o porque no quedaron preñadas, por ejemplo, y someterlas a un sistema de finalización de engorda económico, pero que permita en un período de 2 meses entregar un producto de mejor calidad a la industria”, puntualizó.

Añadió que “algunos resultados preliminares indican que es posible obtener rentabilidades de más de 200 mil pesos por hectárea, con el sistema en estudio, lo que es un resultado muy bueno para la producción de carne”. Al respecto, Javier Humberto Navarro, ingeniero agrónomo responsable del proyecto por parte de FRIMA S.A., indicó que “el interés de la industria es obtener un beneficio compartido con el productor ganadero, de tal forma que, por un lado los agricultores obtengan un mejor precio por sus animales, y nosotros como industria podamos contar con un producto de mayor calidad”.

Los responsables del proyecto explicaron que hace algunos días se despachó al Frigorífico Mafrisur, el primer lote de 10 vacas para ser faenadas, evaluar el resultado de la engorda y medir así la rentabilidad del negocio. Esto mismo se hará durante 30 meses para poder evaluar técnica y económicamente las mejores opciones de alimentación para obtener un producto de calidad y maximizar la rentabilidad del negocio, tomando en cuenta diversas variables como el precio de los alimentos, las condiciones climáticas y del mercado ganadero, entre otras.

Morales sostuvo que “para poder dar información que sirva realmente a los productores debemos evaluar este modelo de negocio en distintas épocas del año, en invierno, verano, otoño y primavera y además al menos en 2 temporadas para ver las variaciones y adaptaciones que se puedan hacer al modelo propuesto, para que los agricultores que se interesen en este negocio puedan tomar decisiones acertadas”.

 

 

 

Fuente: INIA

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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