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Estudian Comportamiento y Alimentación de Vacas Españolas con Dispositivos GPS

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El Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Salamanca, España (IRNASA, centro del CSIC) desarrolla varios proyectos de investigación con vacas de raza morucha en la Finca Experimental Muñovela, situada en Barbadillo, en una zona de dehesa que se encuentra a 15 kilómetros de la capital salmantina. En colaboración con otros organismos de investigación y empresas, los científicos estudian aspectos como la alimentación o el comportamiento del ganado vacuno.

Uno de los más llamativos se ha venido desarrollado desde junio de 2014 hasta la actualidad en colaboración con el Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (ITACyL). Gracias a la colocación de dispositivos GPS en collares que portaban los animales, los investigadores han analizado los desplazamientos del ganado vacuno. “Las vacas han estado geolocalizadas por satélite y, a través de una página web, se podían seguir los movimientos sobre el plano de la finca”, explica a DiCYT José Luis Hernández Mulas, veterinario del IRNASA.

Este procedimiento aporta una gran cantidad de información sobre el comportamiento de los animales: los metros recorridos, sus lugares preferidos, las variaciones por horas, la velocidad de los desplazamientos, la diferencia entre las vacas gestantes y no gestantes o con crías o qué movimientos realizan en grupo y cuáles de forma individual, entre otros muchos aspectos. “En general, tiene un comportamiento estable, prefieren estar en ciertas zonas a determinadas horas, por ejemplo, pernoctar en una zona de la finca que está más resguardada y por la que no pasa el personal”, señala.

Además, este estudio incluía la colocación de bolos intrarruminales en algunos ejemplares, unos dispositivos que se introducen en el animal y permiten medir la acidez y la temperatura del rumen. Tras descargar los datos con un lector inalámbrico, los científicos pueden correlacionarlos con aspectos muy diversos, como el tipo de alimento ingerido o el posible estrés causado durante el transporte o el manejo, sin causar ninguna incidencia en el bienestar del animal.

Aumentar la Fertilidad

Por otra parte, la Finca Experimental Muñovela forma parte de un proyecto que pretende aumentar la fertilidad del vacuno extensivo, en colaboración con la Universidad de Extremadura, una cooperativa cacereña y las empresas Núter y MSD. En España, por cada 100 vacas se obtienen 68 terneros anualmente. Esta cifra de fertilidad media es muy inferior a la del conjunto de Europa, que está en 82. Algunas enfermedades, la alimentación y el manejo de los animales explican este dato, así que investigadores y empresas se han unido para intentar solucionarlo. El proyecto se centra en Extremadura, pero la finca del IRNASA es referencia en algunos de sus aspectos.

En una primera fase, al tiempo que se realizan entrevistas a ganaderos para conocer la situación de las explotaciones, en Muñovela un grupo de vacas comenzarán a alimentarse de forma diferente. “Es un pienso específicamente para controlar la pérdida de peso postparto, mejorando el estado inmunitario de la vaca y favoreciendo la involución uterina y el desarrollo ovocitario y será suministrado antes y después del parto”, señala José Luis Hernández. Para ver las diferencias, se establecerá un grupo control de animales que seguirán alimentándose como hasta ahora y en ambos casos se controlará el peso y se tomarán muestras de sangre y de leche para comprobar el nivel de betahidroxibutirato (BHBA) plasmático y de ácidos grasos no esterificados plasmáticos (NEFAs).

Mejorar la Carne

Otro proyecto es el que ya está desarrollando el IRNASA con la cooperativa salmantina COPASA para estudiar la alimentación animal. Para ello, se han separado dos lotes de animales a los que se les ha suministrado a lo largo de los últimos meses dos tipos de alimentación diferente. El propósito es probar un nuevo pienso que intenta mejorar los rendimientos productivos. “Está formulado con ácidos grasos de cadena media que podrían mejorar la fermentación en el rumen, favorecer la ganancia de peso y mejorar el estado general del animal para que aproveche mejor los nutrientes”, apunta el veterinario. Aunque el seguimiento de las diferencias de peso entre ambos lotes se realiza mes a mes, será finalmente en el matadero donde se analizarán las características de las canales, estudiando la calidad organoléptica de la carne.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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