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España Reporta Segundo Caso Atípico del Año del “Mal de las Vacas Locas”

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El 24 de noviembre pasado el Dr. Valentín Almansa, Director General de Sanidad de la Producción Agraria, del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, de Madrid, España, reportó un nuevo caso subclínico de Encefalopatía Espongiforme Bovina (EEB).

El 10 de noviembre de 2017 el Laboratorio Central de Veterinaria de Algete (Laboratorio Nacional de Referencia para EETs, acreditado bajo la norma UNE-EN ISO/IEC 17025:2005), ubicado en la Comunidad de Madrid, recibió una muestra de tejido nervioso sospechosa de EEB desde el laboratorio regional acreditado de Sanidad animal de Villaquilambre, León (laboratorio regional oficial), tras haber obtenido un resultado positivo a un test rápido Bio-Rad TeSeE SAP.

El LNR inició las pruebas de confirmación autorizadas de acuerdo al Reglamento (UE) nº 1148/2014. La combinación de pruebas seleccionada fue Western Blot (Prionics) y ELISA (Idexx HerdChek BSE-Scrapie Antigen Test Kit), obteniendo resultados positivos a ambas.

Posteriormente procedió a hacer pruebas de discriminación de cepas de EEB a través de digestión diferencial e inmunotransferencia, resultando EEB atípica cepa tipo H el 21 de noviembre del 2017.

La muestra se tomó como parte del programa nacional de vigilancia de EETs (muestreo de animales muertos o no sacrificados para el consumo humano mayores de 48 meses de edad).

El animal de la raza denominada conjunto mestizo, hembra, nació el 14 de junio de 1999. El único animal positivo procedía de El Sahugo, Salamanca (Castilla y León) cerca de la frontera portuguesa, entre 213 animales susceptibles (tasa de morbilidad de 0.47%).

Las medidas implementadas fueron:

  • Trazabilidad
  • Eliminación oficial de canales, subproductos y desechos de origen animal
  • Matanza selectiva y eliminación
  • Desinfección
  • Vacunación prohibida
  • Ningún tratamiento de los animales afectados
  • Destrucción oficial de los productos de origen animal

El reporte anterior de un caso similar (subclínico) de EEB en España fue el 10 de marzo del 2017. En ocasiones, se han detectado casos atípicos en los últimos años que pueden dar lugar a restricciones comerciales temporales.

Sobre la EEB

El síndrome de las vacas locas se diagnosticó por primera vez en 1985 en el Reino Unido, donde hubo el mayor número de casos por este mal, seguido de Francia. No obstante, la epidemia más grave se produjo a partir del año 1996, con diferentes brotes aislados a partir de esa fecha. El Reino Unido se vio seriamente afectado por esta (aunque también afectó a otros países como España), donde se detectaron 741 casos entre 1995 y 2007.

La EEB es una enfermedad que afecta al tejido nervioso y produce alteraciones en el comportamiento de los animales como estados de nerviosismo, comportamiento agresivo, de ahí el nombre de «vacas locas».

La enfermedad de las vacas locas causa una degeneración del cerebro y la médula espinal en el ganado, que puede transmitirse a los humanos a través del consumo de carne.

La EEB fue reportada por primera vez en Gran Bretaña a mediados de la década de 1980, cuando estaba relacionada con una variante humana de la enfermedad fatal que causaba pérdida cerebral.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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