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España Realiza Ensayos para Controlar la Paratuberculosis Bovina Mediante Vacunación

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La paratuberculosis es una enfermedad de distribución mundial que afecta a muchas especies, pero principalmente a los rumiantes. A partir de la revisión de diferentes estudios publicados se puede decir que entre el 25% y el 65% de las explotaciones de bovino lechero se ven afectadas por esta enfermedad.

Estos datos son orientativos, ya que los estudios se han llevado a cabo en diferentes países y se han empleado distintos criterios técnicos para su estimación.

El agente que produce esta enfermedad es una bacteria llamada Mycobacterium avium subespecie paratuberculosis (Map). Esta micobacteria posee una compleja pared que le confiere una resistencia extraordinaria y le permite sobrevivir en situaciones extremas.

Una característica de esta enfermedad es la lentitud con la que progresa. Los animales afectados eliminan la bacteria principalmente con las heces lo que hace que se disemine con facilidad. Los animales más susceptibles a la infección son los jóvenes, pero los primeros síntomas no aparecen hasta después del primer parto, precisamente cuando los animales empiezan su vida productiva. Esto hace que la rentabilidad de las explotaciones se vea comprometida.

Para avanzar en el desarrollo de herramientas de control de esta enfermedad, NEIKER-Tecnalia, junto con los Servicios de Ganadería de las Diputaciones Forales de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, ha llevado a cabo durante más de una década un ensayo de campo para el control de esta enfermedad. El objetivo de este proyecto ha sido mantener la productividad de las explotaciones ganaderas afectadas por esta micobacteriosis.

El control de la paratuberculosis bovina en la actualidad se basa en dos estrategias: la detección de los animales infectados mediante técnicas de laboratorio para proceder a su sacrificio en matadero, lo cual resulta caro tanto por el coste de los análisis como por la necesidad de eliminar un número elevado de animales; y la mejora del manejo para evitar el contagio de los animales jóvenes, algo poco efectivo aunque totalmente recomendable como apoyo a las otras dos, ya que es necesario ser extremadamente cuidadoso con las pautas de manejo para obtener resultados a muy largo plazo.

Existe una tercera estrategia, la vacunación, que tiene un mejor balance coste-beneficio, pero su aplicación en ganado bovino dificulta el diagnóstico de la tuberculosis, enfermedad sometida a campañas oficiales de erradicación. Por esta razón, la vacunación frente a paratuberculosis en ganado bovino no está autorizada en el estado. Sin embargo, la  baja prevalencia de la tuberculosis bovina en la CAE (< 0,1% de explotaciones afectadas), junto con el problema acuciante que suponía la paratuberculosis para algunas de nuestras explotaciones, hizo que se pusiera en marcha un ensayo de campo tras la obtención de las autorizaciones pertinentes.

Durante estos años han participado en este ensayo 29 explotaciones, 21 de ellas siguiendo un plan de control basado en la vacunación y las 8 restantes un plan basado en la detección mediante técnicas de laboratorio y eliminación de positivos.

Los resultados obtenidos confirman que el control de la paratuberculosis mediante vacunación es la mejor estrategia. Dejan de aparecer animales con síntomas clínicos inmediatamente tras la aplicación de la vacuna y se reduce de forma drástica el número de animales excretores de la bacteria, lo que redunda en una menor contaminación ambiental y un menor riesgo de contagio. En base a los resultados del último muestreo anual llevado a cabo en 2017, en el 86% de las explotaciones vacunadas no se detectaron animales excretores mediante el análisis de las heces. Además, el 66% de las explotaciones que entraron en el estudio antes de 2012 llevan cinco años o más siendo negativas en los análisis anuales de muestras fecales. Esto último hace pensar que no sólo el control sino también la erradicación de la enfermedad es factible en un periodo relativamente corto de tiempo y con un coste asumible por los ganaderos.

En cualquier caso, en la elección del programa de control siempre debe tenerse en cuenta el historial clínico de la explotación y la prevalencia de la enfermedad en base a los resultados de laboratorio, las limitaciones comerciales que puede suponer la vacunación y, sobre todo, la situación epidemiológica en la zona respecto a la tuberculosis.

En un momento en el que la rentabilidad de las explotaciones ganaderas depende de pequeños márgenes, invertir en mejorar el estado sanitario de los animales es una buena decisión. El gasto que supone el diagnóstico de laboratorio o establecer buenas pautas de vacunación se ve ampliamente recompensado por una reducción en las bajas y por una mayor productividad de los animales.

 

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Expertos de las Américas avanzan en la definición de las reservas estratégicas del Banco Regional de antígenos de Fiebre Aftosa

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La sanidad animal recibe apenas el 0,6 % del gasto mundial en salud pese al aumento de las crisis sanitarias

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El informe advierte que los recortes de la ayuda dejan al mundo peligrosamente expuesto a las enfermedades transfronterizas, la inseguridad alimentaria y la próxima pandemia.

El mundo no está invirtiendo lo suficiente en sanidad animal, pese a la creciente evidencia de que el costo de la inacción supera con creces el costo de la prevención.

El informe, publicado por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA, WOAH por sus siglas en inglés) en el marco de su 93.ª Sesión General, es la única evaluación mundial anual de las tendencias, riesgos y desafíos en materia de sanidad animal.

El informe destaca que las enfermedades animales destruyen más del 20 % de la producción animal mundial cada año. Estos impactos se sienten con mayor intensidad en los países de ingresos bajos y medios, donde la sanidad animal desempeña un papel fundamental para sostener los medios de vida, la seguridad alimentaria y la resiliencia económica. Al mismo tiempo, los sistemas con recursos insuficientes tienen dificultades para detectar y responder a las enfermedades de forma temprana, y también enfrentan retos para mantener los estándares de bienestar animal.

Las recientes reducciones de los presupuestos de ayuda internacional están agravando la presión. La asistencia para el desarrollo en salud ha caído a aproximadamente 39.100 millones de dólares estadounidenses en 2025, y la sanidad animal representa menos del 2,5 % de ese total. En el mismo periodo, el gasto mundial en defensa alcanzó un récord de 2,9 billones de dólares estadounidenses. En este contexto, el fortalecimiento de los sistemas de sanidad animal la infraestructura compartida que protege frente a enfermedades de origen natural, liberaciones accidentales y amenazas biológicas deliberadas sigue estando insuficientemente financiado, pese a su papel esencial en la gestión de riesgos transfronterizos, incluidas las enfermedades emergentes y las amenazas biológicas.

El informe subraya que llevar los Servicios Veterinarios de todos los países a los estándares internacionales costaría aproximadamente 2.300 millones de dólares estadounidenses al año, menos del 0,05 % de los 3,6 billones de dólares en pérdidas económicas atribuidas a la COVID-19 en 2020, una enfermedad que con gran probabilidad tuvo un origen animal, aunque su origen preciso y la vía de transmisión al ser humano aún no se han establecido de forma definitiva.

«Los sistemas de sanidad animal se sitúan en el centro mismo de la seguridad alimentaria, la estabilidad económica, el bienestar y la salud humana, y sin embargo están crónicamente infradotados», declaró la Dra. Emmanuelle Soubeyran, Directora General de la OMSA. «La pandemia de COVID-19 puso de manifiesto la importancia de invertir más en la prevención y en el enfoque de Una sola salud. Una sola salud seguirá siendo una aspiración hasta que la sanidad animal se integre de manera genuina en la forma en que planificamos e invertimos, mucho antes de que llegue la próxima crisis».

Entre 2025 y 2026, 64 países y territorios notificaron más de 2.000 brotes de influenza aviar de alta patogenicidad, lo que provocó el sacrificio o la pérdida de más de 140 millones de aves de corral.

La fiebre aftosa ha causado brotes sin precedentes en el África meridional y ha reaparecido en Europa. La peste porcina africana continúa propagándose, incluso mediante notables saltos a larga distancia.

Asimismo, el gusano barrenador del Nuevo Mundo una mosca parásita que se alimenta de carne está generando gran preocupación, con decenas de miles de casos registrados en América Central y una expansión hacia el norte que supone una amenaza para la sanidad animal más allá de los países actualmente afectados.

El 75 % de las enfermedades infecciosas emergentes en humanos se originan en animales, lo que convierte a los sistemas de sanidad animal en la primera línea de defensa del mundo frente a los brotes, incluida una posible próxima pandemia.

Sin embargo, el informe indica que estos sistemas están bajo presión: el 18 % de los países evaluados recientemente presenta una disminución de la capacidad veterinaria, y el 22 % una disminución de la capacidad del personal paraprofesional.

«Lo que estamos observando va más allá de la propagación de las enfermedades y refleja también una presión creciente sobre las redes de vigilancia y las capacidades de respuesta de emergencia, especialmente en las regiones más expuestas a los riesgos para la sanidad animal», afirmó el Dr. Paolo Tizzani, epidemiólogo veterinario senior de la OMSA.

«Cuando los Servicios Veterinarios carecen de recursos, las enfermedades se detectan tarde, se propagan más y resultan más costosas de controlar, independientemente de cómo se hayan iniciado. Fortalecer estos sistemas es, por tanto, una forma importante y eficaz de que los gobiernos y sus socios reduzcan los riesgos y mejoren la preparación».

Con base en 54 países y territorios evaluados por la OMSA, se estima que sería necesario un aumento presupuestario medio del 52 % para cubrir el coste anual real de unos Servicios Veterinarios eficaces. El Programa de Prestación de Servicios Veterinarios (PVS) de la OMSA ofrece a los países una evaluación independiente de sus sistemas de sanidad animal y una hoja de ruta adaptada para su mejora. Como avance positivo, tras actividades recientes del PVS, más de la mitad de los países participantes informaron de un aumento de los recursos financieros.

El informe insta a los gobiernos a aumentar la financiación de los sistemas de sanidad animal e integrarlos en estrategias más amplias de salud, economía y seguridad; a los socios para el desarrollo a alinear la financiación con la prevención a largo plazo en lugar de la respuesta a las crisis; y a las instituciones financieras y al sector privado a reconocer la sanidad animal como una inversión de alto impacto.

«Los sistemas de sanidad animal son un bien público mundial, y el mundo no los financia como tal», concluyó la Dra. Susana Pombo, Presidenta de la Asamblea Mundial de Delegados de la OMSA.

«En un momento en que los gobiernos están aumentando los presupuestos de defensa, conviene preguntarse qué significa realmente la sanidad animal en este contexto. Las enfermedades no reconocen fronteras. Una brecha en la vigilancia de la sanidad animal en un país es una vulnerabilidad para todos los países, por lo que es fundamental cambiar nuestra forma de pensar sobre la solidaridad y la inversión en los sistemas de sanidad animal».

Las conclusiones del informe servirán de base para los debates de la próxima 93.ª Sesión General de la Asamblea Mundial de Delegados (18–22 de mayo), en particular en el Foro Técnico de la OMSA dedicado este año al tema «Invertir en sanidad animal para asegurar el futuro de todos».

También se celebrará una reunión ministerial al margen de la Ceremonia de Apertura, que incluirá la publicación de una declaración ministerial que reflejará una visión compartida sobre los sistemas de sanidad animal.

Acerca de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA)

La OMSA es la autoridad mundial en sanidad y bienestar animal. Fundada en 1924 en respuesta al devastador brote de peste bovina en Bélgica que formó parte de una epidemia más amplia que afectó a varios países europeos y tuvo repercusiones mundiales, la OMSA se ha dedicado desde entonces a vigilar, controlar y difundir información sobre las enfermedades animales en todo el mundo.

La OMSA se centra en la difusión transparente de información sobre las enfermedades animales, en la mejora de la sanidad animal a nivel mundial y, con ello, en la construcción de un mundo más seguro, saludable y sostenible. https://www.woah.org/es/inicio/

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La producción de alimentos de origen animal deberá aumentar 70 % para 2050, incluida la leche: FAO

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