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España: Castilla y León, considerada libre de lengua azul

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Para el año 2020, tendrán la consideración de zona restringida diferentes comarcas de las comunidades autónomas de Andalucía y Extremadura para el serotipo 4 del virus y de Andalucía y Castilla La Mancha en lo que se refiere al serotipo 1.

Este es un paso fundamental para los ganaderos de las comarcas del sur de Ávila que continuaban con un programa de vacunación obligatoria y restricciones al movimiento en el periodo de actividad del vector transmisor de la enfermedad.

En la zona de restricción de la provincia de Ávila, durante el pasado año 2019, seguía siendo necesaria la vacunación obligatoria frente al serotipo 4 de lengua azul para poder tener libertad de movimientos, incluso era obligatoria la vacunación de los terneros para poder ser trasladados a cebaderos del resto del territorio autonómico y nacional declarado libre de la enfermedad.

Con la nueva modificación de zonas restringidas, todo el territorio de Castilla y León pasa a tener la consideración de libre frente a la lengua azul, se elimina la vacunación obligatoria y, por primera vez en más de diez años, se ha conseguido que ningún ganadero de la Comunidad tenga restricciones por esta enfermedad.

De este modo, da sus frutos el trabajo de la Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural y de los ganaderos de Castilla y León con el programa vacunal implantado, lo que ha permitido minimizar la posibilidad de transmisión del virus de la enfermedad.

Otros países del entorno europeo continúan con focos activos de la enfermedad, entre ellos, Francia, y esto motiva problemas para el movimiento de animales incluso a países terceros, oportunidad que ha conferido facilidades en apertura de mercados a nivel autonómico.

Zonas Restringidas en 2020

Para el año 2020, tendrán la consideración de zona restringida diferentes comarcas de las comunidades autónomas de Andalucía y Extremadura para el serotipo 4 del virus y de Andalucía y Castilla La Mancha en lo que se refiere al serotipo 1.

Lengua Azul

La lengua azul o fiebre catarral ovina es una enfermedad incluida en el Código Sanitario para los animales terrestres de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) y en la lista de enfermedades de declaración obligatoria de la Unión Europea.

Es una enfermedad vírica transmitida por mosquitos que afecta a rumiantes (ovino, caprino y bovino). No existen riesgos para la salud pública asociados a la lengua azul, aunque sí graves restricciones comerciales para los animales y productos de origen animal de las zonas afectadas por la enfermedad. Además, en ganado ovino produce grave sintomatología clínica.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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