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En Nueva Zelanda crían las primeras ovejas con bajas emisiones de metano

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Es una investigación que lleva diez años y que identifica los genotipos ovinos que emiten menos gases efecto invernadero. El programa también interesa a países como Irlanda, Noruega y Australia.

Nueva Zelanda lanzó un programa genético, el primero de este tipo en el mundo, para impulsar la cría de ovejas con una «baja emisión de metano», uno de los gases que contribuyen al calentamiento del planeta. Es una iniciativa interesante para seguir desde la Argentina, que tiene en la ganadería un tercio de las emisiones de gases efecto invernadero.

«Este enfoque actualmente beneficiará a la industria ovina, que representa poco menos del 20% de las emisiones contaminantes de Nueva Zelanda», le explicó Mark Aspin, director general del Consorcio Pastoral de Investigación de Gases de Efecto Invernadero (Pggrc), a la agencia EFE.

En Nueva Zelanda, un país de poco más de 4 millones de habitantes y casi 28 millones de ovejas, el 80% de las emisiones totales de metano provienen del ganado vacuno y ovino.

Con el fin de reducirlas, la organización Beef + Lamb (carne y cordero) New Zealand (B+LNZ) y el Pggrc anunció hace unos días que comenzaba a implementar un programa genético basado en las mediciones de «valores de crianza», que identifican las características que se persigue potenciar para mejorar los rebaños.

Uno de estos valores es el nivel de emisión de metano, que cada ganadero implicado en el programa mide en una porción de su rebaño mediante unas «cámaras de acumulación» adaptables al remolcador de un camión que se desplaza hasta las granjas.

Las ovejas pasan 50 minutos en estas cámaras aisladas en dos sesiones que se realizan en un período de 14 días para determinar cuánto metano emite cada una de ellas, sobretodo, cuando eructan o vomitan.

El programa se basa en una investigación que comenzó hace diez años para aprovechar que cada oveja genera una cantidad distinta de metano y que las diferencias pasan a la siguiente generación.

«Hemos trabajado en esta investigación desde 2008. Las mediciones han sido probadas durante unos seis años y ajustadas para medir los genotipos de los ejemplares reproductores», señaló Aspin.

Los resultados permitirán a los criadores seleccionar los carneros que tienen una menor nivel de emisiones y utilizarlos para la reproducción, en un proceso que dará resultados en unos dos años, los que tarda uno de estos animales en desarrollarse comercialmente.

El proyecto ha sido recibido con interés por los ganaderos, según destacó el director ejecutivo de B+LNZ, Sam McIvor, que señaló que un sondeo situó la reducción de los gases de efecto invernadero como una de las cinco prioridades del sector.

Varios países, entre ellos Irlanda, Noruega o Australia, han mostrado interés por el programa, indicó Aspin que se mostró confiado en que su impacto aumente «a medida que los cambios genéticos se profundicen con cada generación».

Nueva Zelanda aprobó en noviembre una ley para reducir a cero las emisiones de carbono en 2050, que además pretende disminuir un 10 por ciento las emisiones de metano biológico procedentes de la agricultura en 2030.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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