Noticias Internacionales

El Oro y la Química se Combinan Para dar Valor Agregado al Suero de Leche

Publicado

en

(2.326 lecturas vistas)

COMPARTIR

leche_oro_españa

A través de un novedoso método basado en el metal precioso, se puede extraer la lactosa que posee el lactosuero y transformarla en ácido lactobiónico (LBA), que se usa para la preservación de órganos humanos destinados a trasplantes, en productos cosméticos y en la industria alimenticia.

En la provincia de Santa Fe se generan millones de litros de lactosuero por año, lo que implica grandes problemas al momento de desecharlos. Sin embargo, de esos residuos se puede extraer lactosa y, por medio de un proceso basado en el uso de oro, convertirla en ácido lactobiónico (LBA), importante compuesto para la preservación de órganos, la industria cosmética y la alimenticia.

La producción aproximada de leche en Santa Fe es de 10 mil millones de litros, según datos de 2009. De esta producción, que es el 33% de la nacional, el 43% se destina a la actividad quesera. El suero de quesería es el líquido resultante de la coagulación de la leche durante la elaboración de quesos, y está compuesto por agua, vitaminas hidrosolubles, proteínas y principalmente por lactosa. Dado que sólo el 37% del suero se utiliza para elaborar otros productos (lactosa de alta pureza, derivados proteicos y suero en polvo), el 63% restante se desperdicia y constituye un efluente industrial.

En este sentido, investigadores del Grupo de Investigaciones en Catálisis e Ingeniería Catalíticas (Gicic) del Instituto de Investigaciones de Catálisis y Petroquímica (Incape), que depende de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y del CONICET, trabajan en un proceso catalítico para la conversión de lactosa en ácido lactobiónico, ya que entienden que la cuenca lechera más importante del país puede aportar nuevos subproductos con valor agregado.

“La producción de quesos genera grandes volúmenes de suero, con lo cual se produce un problema ambiental por la alta demanda biológica de oxígeno. El lactosuero generalmente se desecha, aunque a veces se usa como alimento para animales”, indicó Teresita Garetto, que dirige el proyecto.

El secreto de la investigación está en la creación de un nuevo catalizador basado en oro, un sistema que posibilita oxidar la lactosa rápidamente y producir así el ácido lactobiónico. El desarrollo es sumamente provechoso, teniendo en cuenta que un 30 por ciento de la leche es suero y un 4 por ciento es lactosa, un subproducto que genera sólo una empresa en la región y que lo exporta. “La lactosa es sumamente barata, ya que la tonelada cuesta unos 30 dólares. En Argentina no se aprovecha para nada, por eso nosotros la transformamos en LBA mediante catálisis”, resumió Garetto, que trabaja junto a Alberto Marchi, Camilo Meyer, Silvina Regenhardt y Juan Zelin.

El oro, la clave

El ácido lactobiónico se usa en la industria cosmética, que lo promociona como un buen rejuvenecedor de la piel, aunque también se aprovecha en medicina para estabilizar y conservar los órganos destinados a trasplantes. También se lo usa como componente de conservantes y saborizantes en la industria alimenticia.

El equipo del Gicic lo obtiene disolviendo lactosa en agua a 65 grados de temperatura. Luego somete el líquido a la oxidación mediante burbujeo de oxígeno: “El catalizador de oro transforma toda la lactosa en LBA. Lo interesante es que no se produce ningún tipo de subproducto o producto no deseado, ya que el 100 por ciento de la lactosa se convierte en ácido”, destacó la especialista.

En este sentido, sostuvo que existen otros métodos para hacer lo mismo, como el de la fermentación por medio de enzimas, pero los rendimientos son menores al del catalizador con oro. Por otro lado, con la innovación del Gicic se puede separar muy fácilmente el producto del catalizador, y así obtener ácido lactobiónico puro.

“Entendemos que producir el catalizador es caro, ya que es oro soportado en un óxido. Sin embargo, tiene la ventaja de ser reutilizable luego de un proceso de limpieza para que no quede nada pegado en la superficie. Con nuestro sistema se puede obtener el LBA en sólo cuatro horas, que es un buen tiempo para un catalizador”, enfatizó.

También otros metales

Antes de usar oro, los investigadores probaron con otros metales. Sin embargo, se desactivaban paulatinamente con los sucesivos usos y se producía cada vez menos ácido lactobiónico. “Con el oro, el catalizador se puede usar indefinidamente a menos que haya una contaminación por alguna causa. Además, gracias a las temperaturas bajas que utilizamos, no le sucede nada a las partículas metálicas”, manifestó Garetto.

El próximo paso será combinar el catalizador de oro con algún otro metal para, por un lado, aumentar la actividad catalítica, y por otro, abaratar los costos. Por el momento, piensan en la plata como alternativa, combinarla con el oro.

El sistema está orientado a pequeñas empresas que trabajen con otros subproductos, ya que actualmente no hay una demanda exportable de grandes volúmenes de ácido lactobiónico. “Ya hicimos contactos a nivel de emprendimientos independientes de la región”, culminó Garetto.

Leer más
Click para comentar

Deja un mensaje

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Noticias Internacionales

México, Centroamérica y el IICA inician estrategia contra el gusano barrenador del ganado

Publicado

en

COMPARTIR

Leer más

Noticias Internacionales

Ecuador fortalece el control para garantizar la inocuidad de la leche en su territorio

Publicado

en

COMPARTIR

Leer más

Noticias Internacionales

Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

Publicado

en

COMPARTIR

En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

Leer más

Tendencia