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El Organizado y Eficiente Sector Lechero de Canadá

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Mientras en otras latitudes se compraría un terreno y unas cuantas docenas de vacas, para luego producir leche para vender a la industria o a compradores particulares, este escenario es imposible hacerlo en el organizado mercado lácteo canadiense.

No tan rápido. Eso está prohibido. El sector del vacuno de leche en Canadá, ahora el blanco de sus rivales  en las negociaciones comerciales de Asociación Trans-Pacífico, es una de las industrias más cerrados de país.

El llamado sistema de gestión de la oferta es operado por las juntas provinciales de comercialización de agricultores a ejecutar, que tienen un mandato para satisfacer la demanda de los consumidores y proporcionar ingresos estables para los productores. Sistemas similares también gobiernan pollo, huevo y pavo producción.

Para entrar, los agricultores deben comprar la cuota, lo que les da el derecho a producir una cantidad de leche y venderla a precios fijos. Formar parte de ese colectivo no es barato. Cuota para una sola vaca oscila entre 25.000 dólares, 18.100 euros, en Ontario y los 42.500 dólares, 30.800 euros, en Quebec.Con lo que la creación de una granja de 70 vacas costaría más de  3 millones de dólares, 2,1 millones de euros, más de la tierra.

Aranceles altos y cuotas de importación estrictas limitan lo que otros países pueden vender en Canadá.

«Me describo como el régimen económico último de estilo soviético en el planeta», dijo John Manley, presidente del Consejo Canadiense de Jefes Ejecutivos, que ha defendido durante mucho tiempo una eliminación gradual de la gestión del suministro.

Y sin embargo, desde hace décadas, los gobiernos canadienses han defendido firmemente a agricultores canadienses contra un aluvión incesante de desafíos a los  citados aranceles por parte de otros  gobiernos extranjeros y de la Organización Mundial del Comercio.

¿Quiénes son los agricultores canadienses, y por qué han tenido tanto éxito en la protección de su sistema?

Cuando el sistema de gestión de la oferta fue creado a finales de 1960, había cerca de 140.000 explotaciones lecheras en Canadá. Hoy en día, hay menos de 12.000, y cada año unos pocos cientos desaparecen ya que los agricultores dejan el negocio. En conjunto, estas granjas sostienen 112.000 empleos a tiempo completo y generan  5.900  millones de dólares, 4.286 millones de euros en ingresos.

La industria está muy concentrada en Quebec y Ontario, que en conjunto producen cerca del 70 por ciento de la leche del país. Solo Quebec se concentran casi la mitad de las granjas lecheras del país, 5.894, y se embolsa el 37% de los ingresos del sector lechero

En junio pasado, los diputados de todos los partidos votaron por unanimidad instar al gobierno a «respetar su promesa» para proteger a la industria láctea de cualquier consecuencias del tratado de libre comercio de Europa.

Los productores de leche están bien organizados, políticamente son muy activos.

Los ganaderos de leche no sólo producen leche. También están en el negocio de procesamiento, en el que elaboran desde mantequilla a yogur o helado. Dos de las industrias lácteas más grandes de Canadá, Agropur and Gay-Lea Foods, son  cooperativas de propiedad de los productores de leche canadienses.

Y mientras que los agricultores luchan para mantener al mundo fuera de su negocio, las industrias lácteas que poseen se están expandiendo más allá del mercado canadiense . Agropur, por ejemplo, ha estado comprando agresivamente plantas en los EE.UU. «

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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