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El Manejo de los Ovinos

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Técnicos del Inta Alto Valle, Río Negro- Argentina, aseguran que la clave para aumentar los índices productivos está en mejorar la alimentación, el manejo y la vacunación para prevenir enfermedades.

Ovinos: manejo del pastizal sigue siendo clave.

El desarrollo de la producción ovina en el Valle Medio del Río Negro se puede lograr si se ajustan las prácticas de manejo, los aspectos nutricionales y sanitarios. Técnicos del Inta Alto Valle explican paso a paso cuáles son las prácticas adecuadas para mejorar los índices de preñez.

Mónica Felice, especialista en producción animal del Inta Alto Valle, destacó que con un uso estratégico de las reservas en épocas de déficit, es posible optimizar la oferta de alimento durante el año y aumentar la producción de corderos. “Apostamos a que el productor aumente y mantenga los índices de preñez”.

Con el inicio de la primavera, se registran los primeros rebrotes de las pasturas –principalmente  alfalfa– y aparecen alteraciones digestivas. “Es importante que el productor se mantenga atento, porque un cambio repentino en la dieta a partir del consumo de brotes tiernos puede desencadenar enfermedades y provocar la muerte”, señaló Felice.

De acuerdo con la especialista del Inta, el suministro de la alimentación debe ser controlado sobre todo en aquellos animales que están a punto de parir debido a que necesitan consumir menos cantidad y con mayor calidad nutricional.

“Básicamente son hidratos de carbono (maíz) y proteínas (alfalfa)”, explicó Felice y agregó: se deberán suministrar de a poco y paulatinamente, en un período de 10 a 15 días, para que el animal no sufra un cambio de dieta brusco hasta alcanzar la dosis sugerida.

Manejo y sanidad

“Con prácticas de manejo simples, se pueden mejorar significativamente los índices productivos”, aseguró Felice y recomendó tener en cuenta los periodos de pariciones. “En la mayoría de los casos, los corderos nacen a la madrugada y ese es el momento en el que mayores riesgos de morir congelado tienen”, indicó. El productor tendrá que estar alerta y mantener al reparo a las ovejas que se encuentren en el periparto.

Otro aspecto relevante, tiene que con la inmunización de los animales. “Contar con las majadas vacunadas sin dudas es una gran ventaja”, dijo Felice.

La aplicación de la vacuna clostridial (triple) se debe realizar en los corderos diente de leche. “Los corderos deberían recibir una dosis inicial a los tres meses de vida y un refuerzo a las tres semanas de la primera aplicación”, recomendó la técnica.

En el caso de los adultos, se deberán revacunar con la triple –aquellos que fueron inmunizados previamente– y desparasitar según la carga parasitaria determinada por recuento de huevos de parásitos en materia fecal (H.P.G.). La época de mayor  afección es la primavera verano.

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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