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Ecuador avanza para obtener la declaratoria de país libre de fiebre aftosa sin vacunación en 2027

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El gobierno ecuatoriano, liderado por el presidente de derechas Daniel Noboa Azin, a dado un paso decisivo en su política sanitaria para en 2027 obtener el nuevo estatus sanitario otorgado por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) de país libre de fiebre aftosa sin vacunación.

Como parte de este proceso, Ecuador notificó oficialmente a la Organización Mundial de Sanidad Animal el fin de la vacunación contra fiebre aftosa en bovinos y bufalinos a partir del 29 de enero de 2026, marcando así el inicio de una nueva etapa en la estrategia sanitaria nacional.

Este nuevo hito sanitario es el resultado del análisis científico, fortalecimiento de la vigilancia epidemiológica y del compromiso articulado entre autoridades del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca (MAGP), la Agencia de Regulación y Control Fito y Zoosanitario (Agrocalidad), ganaderos y actores del sector pecuario.

En este contexto, el país avanza hacia un estatus sanitario superior, sustentado en la ausencia comprobada de circulación viral y en un sistema robusto de control y vigilancia. Este avance representa, además, un ahorro aproximado de 6 millones de dólares anuales para el país.

Hasta ahora, la OMSA califica a Ecuador continental como país libre de fiebre aftosa con vacunación, a lo que se suma el hecho de que desde el 2011 no se han registrado brotes de esta enfermedad en el país, logros que consolidan la protección del hato ganadero nacional.

En la última fase de vacunación, realizada en 2025, se inmunizaron más de 4 millones de bovinos y bufalinos en todo el territorio nacional.

Mantener al país libre de fiebre aftosa fortalece la sanidad animal, protege la producción de carne, leche y mejora el acceso a mercados internacionales de los productos pecuarios ecuatorianos.

“Ecuador ha demostrado que tiene la capacidad técnica, el compromiso del sector productivo y un sistema sanitario sólido. Este es un paso histórico que fortalece nuestra producción, abre nuevas oportunidades comerciales y posiciona al país con mayor competitividad internacional. Mantenernos libres de fiebre aftosa es una responsabilidad compartida y un compromiso permanente”, afirmó Danny Morales, director Ejecutivo de Agrocalidad.

Agregó que con estas acciones, el Gobierno Nacional reafirma su compromiso con una sanidad animal sólida, sostenible y alineada con los estándares internacionales.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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