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Difunden en Chile Plan de Control y Erradicación de la Tuberculosis Bovina

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El pasado 31 de marzo finalizó el período de marcha blanca del Plan de Control y Erradicación de la Tuberculosis Bovina en Chile, razón por la cual funcionarios/as del Servicio Agrícola y Ganadero del país del mapocho (SAG del Biobío) continúan realizando campañas informativas en ferias y mataderos, para dar a conocer los principales objetivos y alcances de este plan a ganaderos/as y profesionales de Prodesal e INDAP, a través de charlas y reuniones con autoridades provinciales.

La iniciativa del SAG contempla dividir al país a en dos zonas epidemiológicas: Zona de erradicación, que abarca desde la Región de La Araucanía al sur, concentrando el 71,85% de los bovinos del país; y Zona de control, comprendida desde la Región de Arica y Parinacota hasta la Región del Biobío y que representa el 28,15% de la masa bovina.

Nuestra región es la zona limítrofe de la división sanitaria que se ha establecido, por lo cual es muy importante que los ganaderos y ganaderas conozcan este plan, las medidas que se deben implementar y saber cuáles son las condiciones sanitarias requeridas para la autorización del traslado de animales hacia el sur de la Región del Biobío, explicó Leonidas Valdivieso Sotomayor, Director Regional del SAG.

En este sentido, indicó que sólo se autorizará el traslado de animales que provengan de predios certificados por el SAG como libres de tuberculosis bovina (TB), aquellos que tengan como destino mataderos o Centros de Faenamiento Animal (CFA) que cuenten con inspección veterinaria del SAG y animales menores de 12 meses, que cumplan con los requisitos establecidos por el Servicio.

Sobre la situación sanitaria de los rebaños, el directivo señaló que la región tiene un importante número de predios con animales reaccionantes a la TB, los que se concentran en predios lecheros, generando pérdidas económicas y de competitividad al sector productivo. Asimismo, agregó que este plan busca mejorar la calidad y sanidad de los productos y subproductos de origen pecuario; por lo tanto, su éxito depende en gran medida de la participación y colaboración de los ganaderos/as, quienes serán los principales beneficiados/as y, por supuesto, de los consumidores y el país.

La tuberculosis bovina es una enfermedad bacteriana crónica que afecta principalmente al ganado bovino, pero que puede transmitirse a otros animales y a las personas. Es preciso señalar que este riesgo podría manifestarse en quienes que consumen productos lácteos sin pasteurizar, derivados de animales enfermos y/o en quienes trabajan en contacto directo con animales en predios infectados o en mataderos.

Fuente: Agencias

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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