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Detectan la transmisión no intencionada de sustancias químicas desde los embalajes a los alimentos

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Un reciente estudio realizado por el grupo de investigación Residuos de Plaguicidas de la Universidad de Almería demuestra cómo los envases de plástico pueden transferir de manera involuntaria sustancias químicas a los alimentos. A través de la combinación de distintas técnicas, han logrado detectar partículas nanométricas, imperceptibles hasta el momento con otros métodos, de las que se desconocen sus efectos sobre la salud humana.

Esta investigación define las estructuras químicas y otras características de los embalajes usados para conseguir una mayor durabilidad de los alimentos. Sin embargo, los científicos han demostrado en el artículo ‘Identification of non-intentionally added substances in food packaging nano films by gas and liquid chromatography coupled to orbitrap mass spectrometry’ publicado en la revista Talanta, la migración de sustancias no autorizadas para el uso y la fabricación de envases plásticos destinados a entrar en contacto con productos alimenticios desde los diferentes materiales estudiados a los propios alimentos.

De esta manera, demuestran cómo los plásticos a los que se añade algún aditivo que prolonga la vida útil del producto transfiere también otras sustancias que hay que tener en cuenta para evitar consecuencias imprevistas sobre la salud humana tras su consumo. “Por razones de seguridad alimentaria, el estudio de la migración no debe limitarse a los productos químicos esperados únicamente. El traspaso de otros compuestos también puede ocurrir de manera no intencionada y dependerá del tipo de polímero utilizado, el proceso de fabricación y la complejidad de los alimentos”, afirma a la Fundación Descubre la investigadora de la Universidad de Almería, Mª Jesús Martínez Bueno, autora del artículo.

Sustancias permitidas y desconocidas

En Europa, los materiales en contacto con los alimentos (FCMs o Food Contact Materials) se rigen por un reglamento marco del derecho comunitario europeo. “Estos aditivos deben ser probados para asegurar que no existen niveles perjudiciales para la salud humana. Sólo los incluidos en una lista aprobada por la UE se pueden agregar intencionalmente en la fabricación de plástico. Sin embargo, hemos confirmado que aún estos pueden derivar en otras sustancias”, añade la investigadora.

También están en vigor límites de migración específica para algunos compuestos, como el ftalato o el bisfenol-A de los que ya se conocen los efectos nocivos en la salud y existe la prohibición de su uso en productos que estén en contacto con alimentos o bebidas. Sin embargo, con este estudio se pone de manifiesto que existen plásticos que liberan sustancias que pueden transmitirse a los alimentos y de las que no se conocen las consecuencias a largo plazo sobre la salud humana.

Esto es debido a que el material utilizado para presentar el alimento puede deteriorarse por procesos de degradación, interacciones entre los distintos componentes o por las impurezas de la materia prima. Los FCMs pueden incluir aditivos funcionales y productos químicos orgánicos con diferentes características como antioxidantes, antimicrobianos, antiestáticos, antivahos, clarificadores o estabilizadores.

El personal investigador ha llevado a cabo pruebas de migración estandarizadas utilizando métodos de análisis basados en técnicas de espectrometría de masas de alta resolución, un sistema analítico que permite la separación y medida de la masa exacta de los iones que surgen tras la fragmentación de una molécula a la que se le ha suministrado una determinada energía.

Concretamente, han combinado la espectrometría de masas con plasma acoplado inductivamente (ICP-MS), para determinar de forma cuantitativa los elementos inorgánicos liberados desde los materiales de envasado estudiados, y técnicas de cromatografía líquida y de gases acopladas a sistemas híbridos de espectrometría de masas Q-Orbitrap para la identificación, caracterización y determinación de los compuestos orgánicos. Estos sistemas permiten obtener espectros moleculares completos en microsegundos. De esta manera, se obtienen todos los componentes de una manera más rápida y eficiente que con otros métodos utilizados anteriormente.

Las investigaciones se han desarrollado dentro del proyecto ‘ERANET-SUSFOOD. CEREAL Project’ del Séptimo Programa de investigación y desarrollo tecnológico de la Unión Europea junto con el Instituto Nacional de Investigación Agrícola y Alimentaria y Tecnología (INIA) de Madrid, y el Instituto de Polímeros, Compuestos y Biomateriales (IPCB) de Italia. El consorcio del este proyecto Europeo, dirigido por el profesor de la Universidad de Almería, Amadeo Rodríguez Fernández-Alba, comprende un total de ocho grupos de investigación líderes en diferentes áreas relacionadas con la calidad y seguridad alimentaria, la ingeniería química y la nanotecnología.

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Desarrollan una molécula que podría disminuir la carga de Escherichia coli en bovinos

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Investigadores del Instituto de Agrobiotecnología y Biología Molecular (IABIMO) y el Instituto de Patobiología Veterinaria (IPVET) desarrollaron una molécula innovadora que podría ayudar a disminuir la presencia de Escherichia coli en el ganado y reducir el riesgo de contaminación de alimentos y agua. El avance apunta a prevenir casos de Síndrome Urémico Hemolítico, una enfermedad que afecta especialmente a niños.

Con aproximadamente 500 casos por año en la Argentina, el Síndrome Urémico Hemolítico (SUH) es la primera causa de insuficiencia renal aguda pediátrica en el país y la segunda de insuficiencia renal crónica. El principal agente causante es Escherichia coli enterohemorrágica (EHEC) con serotipo O157:H7, una bacteria cuyo principal reservorio son los bovinos. El ganado generalmente no se enferma, pero excreta la bacteria de forma intermitente a través de sus heces, contaminando pasturas, fuentes de agua y, eventualmente, algunos alimentos. Los terneros jóvenes y los animales en etapa de destete son los mayores excretores.

“El principal objetivo era generar anticuerpos que bloqueen el mecanismo de virulencia de esta bacteria para evitar que colonice el intestino de la vaca y que los bovinos dejen de contaminar el ambiente y alimentos”, explicó Mariano Larzábal, investigador del IABIMO (INTA-CONICET).

Después de más de una década de investigación, el equipo identificó dos proteínas clave del sistema de secreción de tipo III (SST3) de EHEC — denominadas EspB e Intimina como los blancos más eficaces para bloquear la colonización intestinal del ganado. Los experimentos iniciales, tanto in vitro como en animales demostraron que anticuerpos dirigidos contra estas proteínas eran capaces de neutralizar uno de los mecanismos de virulencia de la bacteria y reducir significativamente su excreción fecal.

La forma que aplicaron fue fusionar ambas proteínas en una única molécula artificial: Quimera. “La llamamos Quimera porque es la combinación de dos proteínas distintas en una sola molécula que, como tal, no existe en la naturaleza”, comentó Ángel Cataldi, investigador del IABIMO y uno de los impulsores del proyecto.

En ensayos preliminares de respuesta inmune se comprobó que la Quimera proteica es capaz de generar respuesta a nivel de anticuerpos en bovinos y que estos anticuerpos, además de reconocerla, también son capaces de reconocer a las proteínas originales por separado y mantienen la capacidad de disminuir la acción de EHEC O157:H7 en cultivos celulares.

Uno de los desafíos históricos de las vacunas anti-EHEC ha sido convencer al sector ganadero de su utilidad: el bovino no es usualmente afectado por esta bacteria, por lo que vacunar implica un costo sin beneficio directo visible para el productor.

Teniendo en cuenta estos planteos, se ha pensado una alternativa de vacuna que podría mejorar su receptividad y hacerla más económica que una constituida únicamente por subunidades recombinantes. Esto implicaría la expresión de la molécula quimérica en la membrana externa de una bacteria que ya forma parte de una formulación vacunal de interés pecuario, para que de ese modo quede disponible en el exterior del microorganismo y pueda ser detectada por el sistema inmune del animal y no genere un gasto extra para el productor.

El desarrollo ya superó las etapas de laboratorio y modelos animales pequeños. Se está trabajando en la fase de bacterias recombinantes que expresen la quimera. Los resultados preliminares son alentadores y se espera que en la siguiente etapa se pueda probar en animales a campo.

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