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Describen la Resistencia a Antibióticos a la Bacteria ‘Listeria monocytogenes’

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Según una investigación española, el uso de tres desinfectantes (hipoclorito sódico, cloruro de benzalconio y ácido peracético) a dosis bajas (por debajo de la concentración mínima inhibitoria) puede incrementar, en determinadas condiciones, la prevalencia de resistencia a antibióticos en cepas de la especie Listeria monocytogenes.

Un trabajo del Grupo de Investigación de la Universidad de León de España (ULE) en Seguridad Alimentaria, Alimentación e Higiene de los Alimentos SEGURALI – (Unidad de Investigación Consolidada de Castilla y León -UIC- 253), titulado titulado) ‘La exposición de Listeria monocytogenes a dosis subinhibitorias de desinfectantes puede modificar el patrón de resistencia a antibióticos de las cepas’, fue distinguido con el primer premio el IV Congreso Internacional de Calidad y Seguridad Alimentaria, que se celebró en Madrid entre el 14 y el 16 de junio de 2017.

Los autores de la investigación han puesto de manifiesto que el uso de tres desinfectantes (hipoclorito sódico, cloruro de benzalconio y ácido peracético) a dosis bajas (por debajo de la concentración mínima inhibitoria) puede incrementar, en determinadas condiciones, la prevalencia de resistencia a antibióticos en cepas de la especie Listeria monocytogenes, un microorganismo de transmisión alimentaria responsable de infecciones humanas asociadas a una elevada tasa de letalidad.

Estos hallazgos, que son de gran interés en el escenario de la Salud Pública y la Seguridad Alimentaria, ponen de manifiesto la importancia de emplear concentraciones correctas de los desinfectantes, tanto en el entorno clínico como las industrias alimentarias. Para ello, es necesario realizar una aplicación adecuada de los compuestos (utilizando concentraciones suficientes y llevando a cabo una distribución homogénea), evitar el almacenamiento incorrecto de las formulaciones (que podría resultar en una disminución de la concentración efectiva de los biocidas) y no aplicar los desinfectantes en superficies sucias, con cantidades excesivas de materia orgánica, donde algunos compuestos, por ejemplo el hipoclorito sódico (lejía), podrían verse inactivados.

Un Problema de Salud Pública

La resistencia bacteriana a los antibióticos se ha convertido en un problema de Salud Pública de primera magnitud e importancia creciente en el ámbito mundial, tal y como ha sido reconocido por diferentes organismos nacionales e internacionales. En efecto, las infecciones provocadas por bacterias resistentes son muy problemáticas desde el punto de vista clínico, al quedar invalidados como opción terapéutica algunos antibióticos de empleo habitual para el tratamiento de estos procesos.

El uso de antibióticos en medicina humana y en veterinaria (principalmente cuando no se respetan las pautas de administración correctas) es el principal factor de riesgo en la emergencia y diseminación de determinantes de resistencia. Sin embargo, en los últimos años se le está dando cada vez mayor importancia a la contribución de la industria alimentaria a este problema y hay una preocupación creciente en relación con la posibilidad de transmisión de bacterias resistentes a lo largo de la cadena alimentaria, desde la producción primaria hasta el consumidor.

Los miembros del Grupo de Investigación SEGURALI están llevando a cabo, desde hace más de dos décadas, estudios relacionados con el efecto antimicrobiano de diferentes biocidas (por ejemplo descontaminantes de la carne) y con los posibles riesgos bióticos para el consumidor derivados de su empleo.

Desde hace aproximadamente 10 años están desarrollando una línea de investigación consistente en la caracterización fenotípica y genotípica de la resistencia a antibióticos a lo largo de la cadena de producción de alimentos, centrándose especialmente en el estudio del efecto de diferentes factores (exposición a biocidas o tratamientos tecnológicos a dosis bajas) sobre la prevalencia de dicha resistencia.

Hasta el momento se había puesto de manifiesto la influencia de los mencionados factores de estrés subletal en la resistencia a antibióticos de algunos microorganismos, como: Escherichia coli y Salmonella. Por lo que respecta concretamente a Listeria monocytogenes, en estudios previos de este Grupo de Investigación se había demostrado el efecto de determinados descontaminantes de la carne (principalmente clorito sódico acidificado) en el incremento de la resistencia a antibióticos; en el presente trabajo se confirma también esta circunstancia cuando las bacterias se exponen a dosis bajas de algunos desinfectantes de uso habitual.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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