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Desarrollan Leche Rica en Calcio y Reducida en Lactosa

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Según los expertos, un adulto necesita incorporar diariamente el equivalente al calcio contenido en un litro de leche. Sin embargo, no todos llegan a ingerir estas cantidades dado que en la adultez se suele perder el hábito de consumo de lácteos, principal fuente de calcio, sumado a que algunas  personas desarrollan intolerancia a la lactosa y tienden a evitarlos. Teniendo en cuenta este contexto, investigadores del CONICET idearon un método para aumentar el contenido de calcio y disminuir la lactosa de la leche de vaca y probaron su efectividad. La técnica que puede ser empleada en forma doméstica utiliza cáscara de huevo y un conjunto de microorganismos llamados kéfir.

Si bien el kéfir, originario del Cáucaso, es un alimento que se conoce desde la antigüedad existen pocos estudios científicos que confirmen las propiedades nutricionales que popularmente se le asignan. Por ello, el doctor Alfredo Rigalli, investigador independiente del CONICET, junto a su equipo decidió llevar adelante un estudio para analizar algunas de las propiedades del kéfir y utilizarlas para mejorar la calidad nutricional de la leche.

“Nuestra idea es desarrollar un alimento que sea enriquecido en calcio, económico y de preparación en la casa”, afirma el investigador. El equipo ya venía experimentado con la cascara de huevo como fuente de calcio para la alimentación, pero para enriquecer la leche no era útil ya que era muy difícil de disolver. El kéfir fue la solución. Estos microorganismos consumen la lactosa de la leche produciendo ácido láctico que a su vez tiene la capacidad de disolver la cáscara del huevo haciendo que el calcio pase a la bebida.

“Con este tratamiento logramos enriquecer la leche con un cincuenta por ciento de calcio, entonces una persona en lugar de tener que tomar un litro de leche por día tendría que tomar sólo medio, esa es una de las grandes ventajas”, señala Rigalli y agrega “además pudimos bajar la lactosa al cincuenta por ciento haciéndola más adecuada para gente con intolerancia. Tenemos la combinación ideal: baja lactosa, alto calcio”

El equipo realizó pruebas en humanos para comprobar que el calcio que la leche había ganado pudiera ser efectivamente absorbido por el intestino. Para ello, compararon análisis de orina de voluntarios que tomaron leche sin tratar por un día y que luego tomaron por el mismo periodo la bebida preparada con kéfir y cáscara de huevo. Del resultado de los análisis los investigadores dedujeron que el cuerpo incorpora una mayor cantidad de calcio con la segunda opción.

¿Cómo prepararla?

Para preparar esta leche rica en calcio y reducida en lactosa es necesario poner en una jarra de vidrio un litro de leche junto con una cucharada de kéfir y la cáscara de un huevo, que provenga de un huevo hervido para evitar que esté contaminada con microorganismos de la gallina. Este preparado debe reposar algunas horas, si bien puede dejarse a temperatura ambiente, es preferible ponerlo en la heladera para controlar más fácilmente su grado de acidez.

Cuando la leche toma una consistencia similar a la del yogurt bebible el preparado está listo. Luego de filtrarse para recuperar los granos de kéfir, se puede consumir. A este preparado se le puede agregar azúcar, esencia de vainilla o frutas para mejorar su sabor ya que, como todo lácteo que pasó por un proceso de fermentación, tiene un sabor ácido.

Los granos de kéfir que quedan luego del filtrado pueden reutilizarse en un nuevo proceso, su número irá en aumento ya que cada vez que se usan se van reproduciendo. Estos granos se pueden conservar tanto fuera como dentro de la heladera.

¿Por qué consumir calcio?

El calcio es un elemento fundamental en la dieta ya que interviene en la contracción muscular, la conducción nerviosa, la secreción de hormonas y la formación de los huesos entre otras funciones.

“Si todos los días consumimos menos calcio que el que necesitamos, nuestro cuerpo lo va sacando de los huesos dado que para el organismo es menos crítico debilitar los huesos que suspender la contracción muscular o la conducción nerviosa. Tenemos hormonas que cuando detectan que hay poco calcio degradan los huesos”, explica Rigalli.

El investigador aconseja que para mantener los huesos fuertes, salvo expresa indicación médica, no se eliminen completamente los lácteos de la dieta. Rigalli aclara que si bien algunos vegetales y semillas contienen una buena cantidad de calcio, por la forma en que éste está presente en combinación con otros elementos químicos, el cuerpo lo absorbe relativamente poco. “Los lácteos siguen siendo la mejor fuente de calcio para la alimentación”, concluye.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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