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Cuba Exporta Vacuna para el Control de la Garrapata en el Bovino

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Casi cuatro millones de dosis del antígeno GAVAC Bm86, destinado al control de la garrapata que afecta al ganado vacuno, exportó en 2012 el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) de la provincia cubana de Camaguey.

Con esa cifra, y algo más de un millón vendido dentro de Cuba, el producto, desarrollado por especialistas de esta entidad en la década de los 90 del pasado siglo, alcanzó récord de comercialización, destacó a la AIN Eulogio Pimentel, director del CIGB camagüeyano.

Añadió que tales resultados sitúan a la actividad biotecnológica entre las primeras exportadoras del territorio, posición que aspiran mantener durante este año con la duplicación de las producciones del fármaco, aumento avalado por mejoras tecnológicas realizadas en la planta.

Para la elaboración en Camagüey de GAVAC Bm86, que reduce drásticamente la muerte del ganado por enfermedades asociadas al hemoparásito, en 2012 se renovaron las prestaciones de la técnica para la formulación, llenado y etiquetado del antígeno de forma automatizada.

Jesús Zamora, subdirector de producción en la institución científica, explicó que, además, se mantiene un estricto control de la calidad y un alto nivel de capacitación del personal, aspectos revertidos en muy bajos índices de rechazo del producto terminado.

La vacuna goza de gran aceptación entre los campesinos que la aplican, refirió Eduardo Cruz, presidente de una cooperativa de producción agropecuaria, pues contribuye a la reducción de los impactos de la anemia, provocada por la garrapata, en la eficiente obtención de carne y leche.

También elimina la necesidad de efectuar baños de garrapaticidas, agresores del medio ambiente y más costosos para el ganadero y el país, pues los químicos empleados se adquieren en el mercado internacional y su efectividad es de corta duración.

Los países que compran GAVAC Bm86 son Venezuela, Colombia, México y Brasil, según informó Mayda Mauri, gerente general de Heber-Biotec, empresa comercializadora de productos biotecnológicos y farmacéuticos del CIGB nacionalmente.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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