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¿Cuanta Agua Necesitas para Producir 01 Litro de Leche?

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Se encontró que las fincas que mejoran la alimentación del ganado presentan una menor «huella hídrica», es decir un menor consumo de agua en el establecimiento.

En la cuenca del río La Villa, en Panamá, la ganadería de doble propósito representa uno de los principales medios de la vida de las familias de la zona, aportando más del 70% de sus ingresos totales. No obstante, esta actividad al estar basada en un modelo de producción extensiva está ejerciendo una gran presión sobre la disponibilidad futura del agua en la cuenca para usos productivos y de consumo humano.

Ante esta problemática, William Muñoz, egresado del CATIE (Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza), desarrolló como tesis de graduación el estudio titulado Cálculo de la huella hídrica en fincas ganaderas ubicadas en la cuenca del río La Villa, Panamá.

El estudio consistió en calcular el consumo de agua directo que ingiere el ganado; el consumo de agua indirecto, es decir el agua contenida en los alimentos ingeridos por el ganado; y los usos del agua que corresponden al lavado de salas de ordeño y corrales, utensilios para almacenar la leche, actividades de manejo y pérdidas por fugas en la red de distribución del agua. Esto se realizó en nueve fincas ganaderas de doble propósito, con diferentes niveles tecnológicos: tres fincas con un nivel bajo, tres con uno medio y tres con uno alto.

Se encontró que el componente de consumo indirecto de agua es el de mayor relevancia pues representa el 98,86% del consumo de agua para producir un litro de leche, el 98,83% del consumo de agua de una unidad animal no lactante y el 98,85% del consumo de agua total del hato de la finca.

Además, se determinó que las fincas que incorporan tecnologías para mejorar el suministro y la calidad de los alimentos del ganado, a través de bancos forrajeros de caña de azúcar, leucaena y sorgo forrajero, ensilajes y concentrados, presentan una menor huella hídrica que aquellas que optan por un sistema solo basado en pastoreo.

También se identificó que los indicadores de alimentación, salud, genética y el manejo del hato ganadero en las fincas son factores determinantes en el tamaño de la huella hídrica.

Para Muñoz, el estudio permite conocer los puntos críticos de mayores gastos de agua en las fincas ganaderas y a la vez identifica las alternativas de manejo eficientes en el uso del agua. “Estos hallazgos constituyen una base sólida para la generación de diseños de sistemas ganaderos eficientes en la gestión integral del recurso hídrico”, detalló Muñoz.

Dentro de este estudio también participaron investigadores del CATIE como Cristóbal Villanueva, del Programa de Ganadería y Manejo del Medio Ambiente (GAMMA), así como Jorge Faustino y José Ney Ríos, del Programa de Cambio Climático y Cuencas.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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