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Cuando todo un País se Lanza a Controlar la Brucelosis del Ganado

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En el país euro-asiático de Georgia (a orillas del Mar Negro) la FAO está ayudando a intensificar sus esfuerzos para detener la propagación de la brucelosis en el ganado.

La brucelosis se ha vuelto endémica en el ganado en toda Georgia y en especial en la región oriental del país. Los animales infectados extienden las bacterias a través de su leche o secreción reproductiva, lo que a su vez puede contaminar el pienso, el pasto y el agua de la comunidad. Si no se detecta o no se trata, la enfermedad puede propagarse rápidamente entre el ganado. Por si esto no fuera suficiente, la brucelosis sólo se puede diagnosticar con precisión con una prueba de laboratorio. Por ello las medidas preventivas, como la vacunación, vigilancia epidemiológica y las prácticas ganaderas adecuadas, son clave para frenar la brucelosis.

En la actualidad Georgia está realizando cambios a gran velocidad y ha comenzado a implementar su estrategia nacional de lucha contra la brucelosis. El proyecto de la FAO, de 280 000 USD, esta financiado por el gobierno de Georgia usando los recursos financieros asignados a través del programa Integral de Fortalecimiento Institucional (CIB, por sus siglas en inglés).

La enfermedad cuenta con una larga historia en Georgia, según explica Andriy Rozstalnyy, experto en ganadería en la Oficina Regional de la FAO en Budapest. “La brucelosis, por desgracia, no se gestionó ni abordó adecuadamente en el pasado”, explica Rozstalnyy. Además, las reformas agrícolas de 2005 supusieron la privatización de parte de las tierras y los servicios agrícolas del país. Como resultado, hubo una disminución de personal del Ministerio de Agricultura y los servicios veterinarios.

Mantener la Enfermedad Bajo Control

Las prácticas adecuadas de cría e higiene de los animales, junto con las vacunas y servicios de apoyo veterinarios, acompañadas de una vigilancia regular, información epidemiológica precisa y actualizada y una mayor concienciación entre los agricultores y los consumidores, pueden minimizar la propagación de la brucelosis. Estas fueron cuestiones tratadas por la FAO por medio de una intervención estratégica que ayudó a sentar las bases de una política de control a largo plazo de la brucelosis en Georgia, y las futuras inversiones del Gobierno y sus asociados.

Una evaluación inicial, llevada a cabo por el proyecto, identificó las prioridades, lagunas, cuellos de botella y oportunidades, mientras que los resultados de la evaluación formaron la base de una propuesta para delinear una estrategia de control, con un plan para llevarla a cabo.

Un taller y los materiales de capacitación relacionados pretendieron fortalecer la capacidad de la Agencia Alimentaria Nacional del país y otras instituciones clave involucradas en el sector ganadero y dotarlas de los conocimientos técnicos para hacer frente a la brucelosis.

“Presentamos lo que otros países estaban haciendo para controlar la brucelosis, las ventajas y las desventajas”, explica Rozstalnyy. “No hay una receta mágica. Cuando se cambia de una estrategia a otra, los países deben basar sus decisiones en una larga lista de factores, incluyendo la prevalencia de la enfermedad, el conocimiento de las vías de transmisión por parte de los agricultores, los sistemas de identificación de los animales y sus desplazamientos dentro del país”.

Trampolín para Obtener más Recursos

Un proyecto de seguimiento financiado por el Gobierno se centró en el desarrollo e implementación de la estrategia de control y se basó en la experiencia de equipos multidisciplinarios de veterinarios y epidemiólogos, así como organizaciones no gubernamentales y universidades, para dar a conocer la brucelosis y la forma de minimizar el riesgo de infección.

“Cuando los países tienen recursos limitados, como Georgia, y los utilizan para un proyecto como éste, se confirma la utilidad de la  iniciativa de la FAO”, subraya Rozstalnyy.

Además, la Unión Europea ha desarrollado un programa de apoyo a la política sectorial de agricultura que funcionará hasta 2015, centrado en la sanidad animal y la inocuidad alimentaria. También ha introducido un programa Integral de Fortalecimiento Institucional (CIB) para ayudar a desarrollar la capacidad de la Agencia Nacional Alimentaria de Georgia. Con la financiación del programa CIB, la Agencia Nacional Alimentaria contrató a la FAO para llevar a cabo la fase inicial del proyecto sobre la brucelosis, mientras que se espera que el programa de control de la enfermedad prosiga en 2015.

“La brucelosis era un problema grave en Georgia, pero el país está progresando, invirtiendo su propio dinero y aumentando el número de personas que trabajan en este campo. Está en la senda adecuada, pero se necesitará mucho tiempo, esfuerzo, paciencia y compromiso por parte del Gobierno”, añade.

Animales Sanos para Vidas Saludables

En conjunto, estos esfuerzos que la FAO ayudó a poner en marcha están contribuyendo a una mejora generalizada de la salud de los animales. Y, a su vez, están ayudando a revitalizar el sector ganadero de Georgia de manera que sea más próspero y competitivo, lo que resulta positivo para la seguridad alimentaria del país y para su economía.

Datos Clave

  • En la montañosa República de Georgia hay aproximadamente 1,2 millones de vacas y casi un millón de ovejas, cabras y cerdos, que suponen una fuente vital de alimentos e ingresos para muchos de sus 4,9 millones de habitantes.
  • La brucelosis es una enfermedad bacteriana demasiado frecuente en un país que tiene en la exportación de ganado y productos lácteos una actividad floreciente.
  • La enfermedad puede provocar una merma en la producción de leche, pérdida de peso, abortos e infertilidad en los animales infectados, síntomas que amenazan una fuente vital de alimentos e ingresos.
  • El Gobierno de Georgia ha intensificado sus esfuerzos para combatir la enfermedad, pidiendo ayuda a la FAO para poner en marcha una estrategia nacional para el control de la brucelosis.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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