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Crean Nuevo Sistema De Aretado Para Identificar Bovinos en México

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El proyecto, que está por obtener patente por la Facultad de Ingeniería de la UNAM – México, dispone de un método RFID que permite una trazabilidad más completa de la vida del animal.

Un sistema innovador para identificar ganado, no invasivo y de aplicación más simple que el aretado comercial usado en el país, está por obtener patente por la Facultad de Ingeniería (FI) de la UNAM.

Integrantes de los centros de Diseño Mecánico e Innovación Tecnológica (CDMIT) y de Alta Tecnología (CAT) de esta casa de estudios han desarrollado un método para la trazabilidad de bovinos productores de carne, “ventajoso por acoplarse a las necesidades pecuarias mexicanas”, apuntó Osiris Ricardo Torres, alumno de Ingeniería Mecatrónica.

Lo usual es poner en las orejas del animal un botón y un pendiente amarillo parecido a una bandera, con un código de barras y un número exclusivo, expuso.

La Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA) —a través de su Coordinación de Ganadería— apoya este proyecto, en el que han participado trabajadores del rubro, veterinarios, asociaciones e instituciones gubernamentales responsables de supervisar este proceso obligatorio para la exportación de cualquier grey.

El reto es sustituir la importación de estos objetos, usualmente protegidos por diversas patentes, pues sus fabricantes invierten mucho en ‘obsoletizarlos’, al grado que en el mercado aparecen nuevos productos con una frecuencia inusitada.

Ante este escenario, el equipo universitario se propuso superar la tecnología actual, crear algo diferente, introducirlo en el país y, posteriormente, exportarlo. Así, diseñaron un arete inviolable con nuevas configuraciones de ensamble. Para probar su funcionamiento utilizaron impresiones en tercera dimensión y corroboraron que es imposible cortarlo, pegarlo y ponerlo de vuelta. La iniciativa requirió un año de investigación y desarrollo.

Inspirados en un modelo de trazabilidad uruguayo, que por su nivel de control en la materia es ejemplo a nivel mundial, y con base en sistemas extranjeros que usan un bastón para detectar el número de identificación del mamífero a exportar, los mexicanos concretaron una opción diferente que, además, da acceso a información como el nacimiento del bovino, su crecimiento, tipo de alimentación,  dónde fue sacrificado y vendido.

También se propone un nuevo sistema de RFID (Radio Frequency Identification) que ya no será un embobinado, sino un chip dentro de la arracada. Este último, por norma, debe tener 64 bits como mínimo, pero los ingenieros de la UNAM planean usar uno de 94 para impedir eventuales clonaciones. Además, se introdujo un sistema QR (código de respuesta instantánea).

Ya no será necesario usar un bastón de 60 centímetros para detectar el chip ni acceder a los aretes individualmente. Con un lector móvil será posible lo mismo, pero a una distancia de tres metros, y abarcar de golpe a 20 animales, lo que permitirá a ganaderos y transportistas saber cuántas vacas van en un camión sin bajarlas del remolque.

“A futuro, esta alternativa nos permitirá ir al supermercado, ver la carne, escanear un código de barras con nuestro teléfono móvil y saber todo sobre el animal, como si lo alimentaron con pastura, trigo o grano, pues esto incide en su calidad”, agregó Torres.

Una etapa posterior contempla diseñar la línea de producción y estrategias para elaborar y comercializar los sistemas mencionados.

Otra meta es que el aretado sea más fácil y menos invasivo, pues “el animal sufre con la punción en la oreja”. Para evitarlo, el equipo universitario diseña una pinza que permitirá al trabajador pecuario usar una mano en vez de dos al momento de la perforación (así el animal no será amarrado), pues aunque los bovinos lecheros son dóciles, los productores de carne no están acostumbrados al manejo humano.

Nuestra pinza, zarcillo y sistema de RFID debe facilitar la labor de los técnicos, la lectura de identificación a los transportistas y la obtención de un certificado de Sagarpa a los ganaderos, pues esto último implica que “les paguen un poco más por su venta”.

El desarrollo del sistema estuvo bajo dirección de Alejandro Ramírez Reivich, Marcelo López Parra y Pilar Corona Lira; participaron ingenieros, diseñadores industriales y médicos veterinarios retroalimentados por la SAGARPA.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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