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Costa Rica Promueve Innovación Genética con Nueva Zelanda

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Empresa neozelandesa, en conjunto con el Ministerio de Industrias Primarias de esa nación, donó 12.000 pajillas de semen de razas Holstein y Jersey que serán evaluadas por el INTA, en 50 fincas de ganado lechero de Costa Rica, y facilitará el desarrollo de un modelo de producción de menor costo  y menor producción de gases de efecto invernadero.

Con el fin de contribuir para que la actividad lechera costarricense sea más sostenible, recientemente el gobierno de Nueva Zelanda donó a nuestro país 12.000 pajillas de semen de las razas Holstein y Jersey que serán evaluadas por elInstituto Nacional de Innovación y Transferencia en Tecnología Agropecuaria (INTA), en al menos 50 fincas de ganado lechero de la región Central Occidental, Central Oriental y Huetar Norte, para determinar la eficiencia de genética lechera neozelandesa.

“Esta genética es adaptada para producir con menos demanda de alimentos balanceados (granos).  Este tipo de alimentos encarecen la producción, sobre todo la lechería especializada y desarrollada a más de mil metros sobre el nivel del mar, es decir en la cordillera central del país.  El menor uso de alimentos balanceados, permite disminuir costos de producción y lograr que la actividad lechera sea más rentable y más competitiva y también más sostenible, frente a los procesos de apertura comercial y desgravación arancelaria establecida en los tratados de libre comercio”, detalló Arturo Solórzano, Director Ejecutivo del INTA.

Este proceso será acompañado por técnicos del INTA, de las Agencias de Extensión del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), de la Cámara Nacional de Productores de Leche (CNPL) y contará con la participación activa de productores y empresas agremiadas.

Recientemente se realizó el lanzamiento del proyecto, en coordinación con las Direcciones de Desarrollo Regional del  MAG, el INTA, la Cámara de Lecheros y la Universidad Nacional.

“La colaboración del gobierno de Nueva Zelanda permitirá, en conjunto con el sector agropecuario, una producción sostenible de la actividad lechera costarricense y con menor  producción de gases de efecto invernadero”, aseveró Solórzano.   Esta cooperación es parte del Convenio firmado en 2017, entre el Ministerio de Industrias Primarias de Nueva Zelanda y el MAG.

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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