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Costa Rica Inaugura Laboratorio para Monitorear Enfermedades y Abigeato en el Ganado

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El Servicio Nacional de Salud Animal (SENASA), del Ministerio de Agricultura y Ganadería de Costa Rica, inauguró este lunes un nuevo servicio en apoyo a los ganaderos costarricenses. Se trata del Laboratorio de Bioseguridad, que forma parte del Laboratorio Nacional de Servicios Veterinarios, LANASEVE.

En este laboratorio, se podrán realizar pruebas para determinar la presencia de enfermedades de origen viral, así como muestras de ADN que podrán ser utilizadas en los tribunales de justicia como elemento probatorio con la validez científica necesaria, proporcionando una herramienta para la lucha contra el robo de ganado con una prueba de laboratorio que pueda determinar con un nivel de confianza del 99.9% los resultados.

“Para alcanzar esta meta, en servicio de los productores ganaderos y de toda la población costarricense, se unieron esfuerzos de varias instituciones, entre ellas, el SENASA, el Ministerio de Ciencia y Tecnología, el CONICIT que aportó ¢28 millones para el proceso, y el OIJ. De esta manera, consensuando voluntades, damos este gran paso en la lucha por resolver los delitos de robo y hurto de ganado”, expresó la Ministra de Agricultura y Ganadería, Gloria Abraham Peralta.

Por su parte, German Rojas, Director de SENASA indicó que los representantes de todas las instituciones se reunieron para precisar los protocolos más adecuados para que una prueba de ADN animal sea utilizara en un tribunal como elemento probatorio con la validez científica necesaria, ampliando así los servicios de laboratorios del SENASA.

“Se recolectaron muestras a nivel de campo y se capacitó al personal de las secciones de Robos y Hurtos y de Inspecciones Oculares y Recolección de Indicios de OIJ. Recientemente el SENASA adquirió el equipo para mantener las muestras y contra muestras, el cual es sumamente especializado y cumple con los requerimientos para la correcta custodia de la muestra”, detalló Rojas.

Aspectos Técnicos

El Laboratorio de Bioseguridad (LSE) permite determinar la presencia de enfermedades de origen viral en muestras provenientes de animales. Dentro de los servicios que brindará a los ganaderos, está el diagnóstico de 6 enfermedades de aves, 3 de cerdos, 6 de bovinos, 4 de equinos, 11 de abejas y 8 de camarones, además del servicio de necropsias e histopatología.

Los análisis de ADN consisten, esencialmente, en construir una “huella digital” única de ADN del animal analizado a partir de una pequeña muestra, ya sea carne, hueso o pelo con raíz. Posteriormente, esta huella de ADN se usa para comparar otras muestras y así constatar o descartar que se trate del mismo animal sacrificado o sustraído ilegalmente de la finca.

A manera de ejemplo, con la puesta en práctica de estos análisis de ADN al ganado, la prueba sería capaz de determinar si los despojos encontrados en un potrero y la carne decomisada en una venta ilegal corresponden al mismo animal, así el sistema judicial será capaz de utilizar este insumo como elemento probatorio válido en un juzgado, igualmente se protege al consumidor asegurando que los productos que llegan a su mesa cumplen con todas las normas de inocuidad.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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