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Conozca los Aspectos mas Relevantes del Cruces de Bos taurus y Bos indicus

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En el marco del III Simposio Nacional de Mejoramiento Animal en Brasil, Dieter Plasse de la Universidad Central de Venezuela realizó un compendio de los estudios que han demostrado las ventajas de estos cruces para la América Latina tropical.

En efecto, como lo concluyó el experto, “está bien documentado que los animales F1 producidos a partir de vacas Bos indicus y toros de razas Bos taurus sobreviven mejor y crecen en cada fase de su vida a una tasa mayor que Bos indicus”.

Sin embargo, la pregunta que plantea es muy pertinente para la ganadería colombiana y de la región: ¿Qué debemos hacer en el futuro inmediato para generar en América Latina tropical una ganadería bovina de carne productiva, eficiente y competitiva?

En primera medida, señaló que las razas Bos taurus producen en los cruces una ventaja en pesos proporcional a su tamaño como raza pura. Sin embargo, la eficiencia productiva de las hembras F1 tiende a ser mayor cuando su raza paterna Bos taurus es de menor tamaño.

Por el contrario, se debe descartar el cruce de vacas F1 con Bos taurus por la alta pérdida en sus crías, por lo cual se deben aparear con Bos indicus o F1.

El apareamiento de vacas y toros F1 permite usar razas Bos taurus maternas y paternas como padres de estos hijos F1 con las calidades deseadas en cada sexo. Este sistema ha tenido resultados favorables hasta el destete.

La eficiencia reproductiva de las vacas F1 en sabana es, en muchos casos, inferior a la de vacas cebú, por su alta producción de leche. Algo que no se sabe es cómo responderían estas vacas a una mejora del nivel alimenticio y hasta qué nivel sería económicamente justificable.

Mientras que hay un mayor conocimiento sobre los sistemas de cruzamiento discontinuos entre taurinos y cebuinos, existe un conocimiento limitado sobre los continuos.

Por ejemplo, en sistemas de cruzamiento rotacional, no se lograron mantener las ventajas predesteste en la fase posdestete y de ceba y no se obtuvieron resultados completamente concluyentes, con una alta pérdida de heterosis.

De acuerdo con Plasse, se habrían malinterpretado conceptos teóricos y no se consideró la particularidad de estos sistemas tropicales de tener 50 % de genes cebú y producir en las combinaciones de genes Bos taurus mucho menos heterosis que en taurus x indicus.

Tampoco se observó una ventaja en crecimiento de los animales en la fase de levante y ceba. Aun así, abogó por un estudio más profundo de los cruzamientos rotacionales en todas las fases de producción, con varias alternativas nutricionales y distintos recursos genéticos.

En todos los sistemas de cruzamiento, la magnitud de la ventaja de los cruces sobre los puros depende del nivel nutricional y de la intensidad del programa sanitario. Aparentemente, los cruces superan a los puros en la fase predestete, también en sabana.

No obstante, en la fase posdestete y ceba no se expresa la ventaja genética de los cruces cuando son alimentados con pastos pobres, y de hecho pueden tener tasas de crecimiento inferiores a los cebú si la base nutricional y el plan sanitario no se ajustan a sus exigencias.

Las poblaciones Bos indicus en América Latina tropical han demostrado buenas respuestas a modernos programas de selección cuando se les ha trabajado sistemáticamente.

La producción por vaca en rebaño se ha duplicado en condiciones representativas del trópico. Por tanto, el futuro trabajo genético debe ser orientado a generar poblaciones que con recursos nacionales puedan garantizar una máxima producción sustentable.

A su juicio, el uso de granos, renglón deficitario en la producción agrícola latinoamericana, en la alimentación de bovino de carne “parece económicamente irracional y socialmente absurdo”.

En cambio, el uso de pastos naturales y cultivados es un imperativo, así como el mejoramiento genético de las poblaciones de cebú es una absoluta prioridad, acompañado de sistemas estratégicos de cruzamiento en ambientes que garanticen su sustentación.

Finalmente, concluyó diciendo que debemos tener “bien claro que el futuro inmediato de la ganadería tropical en América Latina dependerá principalmente de la mejora productiva de las poblaciones Bos indicus”.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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