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Conoce los secretos de la Ganadería Mexicana y descubre las Razas Bovinas que Impulsan la Industria

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Cada región del país despliega su propia paleta de razas bovinas, tejiendo un tapiz diverso y vibrante que refleja la riqueza de su geografía y las necesidades de sus criadores. Estas razas han encontrado su nicho y desempeñan un papel crucial en la economía y la cultura del país.

Brahman: Guardianes del Trópico

En las húmedas y exuberantes tierras del sureste mexicano, los imponentes Brahman son los soberanos indiscutibles. Con su distintivo pelaje plateado y sus orejas puntiagudas, estas majestuosas bestias han perfeccionado el arte de la adaptación al calor sofocante y a la vegetación densa de la selva. Se encuentran en los estados de Veracruz, Tabasco, Chiapas, y Yucatán.

Angus y Hereford: Fortaleza en el Desierto

En contraste, en las vastas extensiones áridas del norte de México, el ganado Angus y Hereford se erige como una fortaleza contra los elementos implacables del desierto. Con su pelaje oscuro y su robusta constitución, estas razas europeas han encontrado un hogar en los áridos pastizales, donde aprovechan al máximo la escasez de recursos y demuestran una resistencia admirable. Su presencia es un testimonio de la capacidad del ganado para prosperar incluso en los entornos más adversos. Se encuentran especialmente en estados como Chihuahua, Sonora, Coahuila, y Nuevo León.

Charolais y Simmental: Elegancia en las Tierras Templadas

En las fértiles praderas y colinas ondulantes del centro o en el norte de México, el ganado Charolais y Simmental brilla con su elegancia y versatilidad. Originarias de Europa, estas razas han encontrado en el clima templado y los pastizales abundantes el escenario perfecto para demostrar su excelencia genética. Con su rápido crecimiento y su carne de calidad, estas razas son altamente valoradas por los ganaderos de la región, que las ven como una inversión prometedora para el futuro de la industria ganadera mexicana.

Un Tapiz de Tradición y Modernidad

En resumen, el tapiz bovino de México es una mezcla fascinante de tradición y modernidad, donde las razas autóctonas se mezclan con las importadas, y donde la adaptación y la excelencia genética se entrelazan para crear un panorama ganadero único en el mundo. Desde las selvas tropicales hasta los desiertos áridos, cada región del país cuenta su propia historia a través de las razas que la habitan, recordándonos que en la diversidad está la verdadera riqueza de la ganadería mexicana.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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