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Colombia prepara soluciones contra enfermedades transfronterizas con ayuda del Banco Mundial

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El Instituto Colombiano Agropecuario y el Banco Mundial impulsan proyectos para identificar brechas tecnológicas con el objetivo de proteger al país del ingreso y difusión de enfermedades transfronterizas.

En el marco de la cooperación entre el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) y el Banco Mundial, la Subgerencia de Regulación Sanitaria y Fitosanitaria y la Subgerencia de Protección Fronteriza han puesto en marcha el proyecto titulado «Operational and Technological Enhancement for the Integrated Management of Transboundary Diseases».

Este proyecto, actualmente en desarrollo, tiene como objetivo analizar las brechas en la capacidad tecnológica de los procesos de la Dirección Técnica de Evaluación de Riesgos y Cuarentena Animal y Vegetal. La iniciativa busca identificar oportunidades de mejora y modernización para proteger al país del ingreso y difusión de enfermedades transfronterizas, manteniendo así el estatus sanitario y fitosanitario de Colombia.

El proyecto tendrá una duración de seis meses y contará con la participación de un grupo de expertos del Banco Mundial, liderados por el Dr. Jairo Romero. En el mismo, se llevarán a cabo actividades como el mapeo de cada etapa del proceso de evaluación de riesgos, identificación de los insumos necesarios y análisis de flujo entre las partes interesadas, con el objetivo de proponer el desarrollo o la implementación de sistemas de administración de archivos y análisis generando datos que respalden la toma de decisiones.

Así mismo, se hará una identificación de oportunidades tecnológicas, como lo afirma Ricardo Vargas, subgerente de regulación sanitaria y fitosanitaria: “con el objetivo de mantener el estatus sanitario y fitosanitario del país, a través de alianza de cooperación con el Banco Mundial estamos desarrollando un proyecto para identificar brechas tecnológicas que nos permitan fortalecer la protección para evitar el ingreso y difusión de plagas y enfermedades transfronterizas. Esto constituirá el primer paso para la elaboración de documentos técnicos actualizados que sustenten la necesidad de acceder a nuevas tecnologías, fortaleciendo las capacidades institucionales”.

Este trabajo llevará a las entidades a realizar visitas en los puertos, aeropuertos y pasos de frontera de Cartagena, Cali, Leticia, entre otros.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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