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Carne de Laboratorio: Crean Diez Mil Kilos de Carne con una sola Célula de Vaca

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En sólo dos años, una compañía liderada por el científico Nicholas Genovese y el médico Uma Valeti, ha logrado crear carne a partir de una única célula extraída de animales, específicamente vacas, pollos y patos. Una iniciativa con la que buscan no sólo potenciar la industria de alimentos, sino también disminuir las consecuencias negativas de la cría de animales.

A diferencia de otros emprendimientos que buscan solucionar los problemas relacionados con la ganadería, el proyecto Memphis Meat realmente ha logrado crear carne en un laboratorio con una pequeña ayuda del mundo animal.

De acuerdo a lo que detallan sus creadores, se trata de una célula que se extrae de los animales y que, a través de mecanismos científicos, logran multiplicar lo suficiente como para lograr el crecimiento de tejido muscular vivo que luego sea consumido por las personas como un trozo de carne tradicional.

A través de un mecanismo específico, permiten que las células se multipliquen hasta crear fibras que se van transformando en músculo capaz de contraerse y relajarse.

Según la compañía, con una única célula es posible crear hasta 10 mil kilos de carne de vacuno, una situación que no sólo reduciría los costos de la ganadería, sino que tendría un positivo impacto en la cantidad de animales que deberían sacrificar su vida para alimentar a la población humana, ya que esta técnica no requiere matar seres vivos en el proceso.

Por esto, la cantidad de animales que se utilicen podría disminuir de 1,5 mil millones de cabezas de ganado a sólo unas 10 mil alrededor de todo el mundo, disminuyendo también así la cantidad de gases de efecto invernadero que se liberan a la atmósfera con estas prácticas, afectando al fenómeno de cambio climático.

Memphis Meat espera tener el producto disponible en el mercado en algún momento de 2021, sin embargo, aún existen dudas respecto a qué entes gubernamentales estarán a cargo de la regulación de este tipo de carne, ya que si bien es un producto animal, es producido dentro de un laboratorio.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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