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Calidad del calostro para el ternero según el tipo de raza Bovina

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En tanto que algunas investigaciones realizadas tanto en sistemas de producción de carne como de leche han concluido que sí existen diferencias en la concentración de inmunoglobulinas (IgG) entre una raza y otra, otras determinaron que las diferencias raciales son variables y poco consistentes.

Por ejemplo, algunos estudios apuntan que las razas destinadas a la producción de carne tienden a producir menor cantidad de calostro pero de mejor calidad, esto es, con mayor contenido de IgG que las razas lecheras, compensando así el bajo volumen.

Así lo señala el proyecto “Estudio del efecto de la forma y momento del suministro de calostro sobre el crecimiento y la salud de neonatos bovinos en diferentes grupos raciales”, financiado por la Universidad Nacional a través de Dipal.

El documento, elaborado por el PhD Rómulo Campos en conjunto con los expertos Carrillo, Loaiza y Giraldo de la sede de Palmira de la UNAL, sostiene que las razas especializadas en producción de leche producen, en cambio, mayor cantidad de calostro pero de menor calidad.

Dentro de estas razas, la del calostro con mayor calidad es la Jersey, seguida por la raza Pardo Suizo y la Holstein. Esta última produce mayor cantidad de calostro pero con menor calidad entre las vacas lecheras.

Por su parte, las vacas Pardo Suizas y Ayrshire, cuyo rendimiento lechero es menor al de la Holstein pero que ofrecen un contenido más alto de sólidos totales, presentan una menor concentración de inmunoglobulinas en el calostro que las otras razas lecheras.

El documento agrega que las razas especializadas que producen más de 8,5 litros de calostro en el primer ordeño tienen generalmente menos anticuerpos, por lo cual es importante no utilizarlo para alimentar a los terneros recién nacidos, ni para congelarlo.

Jorge Alberto Elizondo, PhD y profesor catedrático de la Universidad de Costa Rica, citó un estudio de Muller y Ellinger (1981) en Estados Unidos, quienes compararon la concentración de IgG de 5 razas de ganado lechero.

Estos investigadores encontraron que el promedio de Igs totales fue de 81, 66, 63, 56 y 96 mg/ml para la raza Ayrshire, Pardo suizo, Guernsey, Holstein y Jersey, respectivamente. No obstante, los autores no discutieron las razones por las cuales se encontraron estas diferencias.

Elizondo encontró que no hay diferencias significativas en el efecto de raza sobre la calidad de calostro, pues el estudio de Muller y Ellinger utilizó un número muy limitado de muestras por cada raza.

En otro estudio de 2012, Morril y otros determinaron que la concentración de Igs en el calostro proveniente de vacas de la raza Holstein no difirió significativamente del calostro proveniente de vacas de la raza Jersey (74,2 vs. 65,8 mg/ml, respectivamente).

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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