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Buscando Mantener Fresca por más Tiempo la Carne Molida de Res

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Investigadores mexicanos adicionaron a la carne compuestos bioactivos extraídos de cereales. La adición de estos compuestos de origen natural en la carne permite obtener un alimento funcional que beneficiará también la salud del consumidor. Cuando la industria no vende la carne fresca, tiene que destinarla a otros productos de menor precio, generando pérdidas de hasta 20 por ciento.

Trabajos de investigación consiguen aumentar la vida útil de la carne molida fresca hasta en 35 por ciento. Generalmente transcurren alrededor de seis días desde el momento en que se sacrifica al animal y se vende la carne como un producto fresco. Ahora podrá mantener sus mismas características 48 horas más.

Este proyecto se realizó en México, en el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), donde, para lograr este avance, adicionaron a la carne compuestos bioactivos extraídos de cereales. En este caso, se utilizó el ácido ferúlico, el cual fue obtenido del agua residual durante el proceso de nixtamalización del maíz, denominada nejayote. Aunque el compuesto también se encuentra en las cáscaras de arroz y maíz.

El doctor Humberto González Ríos, líder de este trabajo, explicó que el ácido ferúlico (AF) — compuesto presente principalmente en la cascarilla de los cereales— y sus derivados orgánicos, como el ferulato de etilo (FE), han demostrado tener capacidad antioxidante y antimicrobiana, requisitos indispensables para mantener la carne fresca en buen estado.

La adición de AF y FE en la carne permite obtener un alimento funcional que beneficiará la salud del consumidor, pues en otros estudios se ha comprobado que el AF también tiene efecto directo sobre las personas, actuando como antioxidante, antimicrobiano, e incluso hay reportes que podría ser anticancerígeno.

Cuando la industria no vende la carne fresca, tiene que destinarla a otros productos de menor precio, generando pérdidas de hasta 20 por ciento.
Con estos trabajos de investigación, no solamente se evitan esas mermas, sino, además, la industria cárnica recupera a los consumidores que dejaron de adquirir ese producto por contener compuestos sintéticos. Hay un nicho importante de mercado que busca alimentos producidos de forma natural.

Este trabajo tiene una cadena de beneficios: la industria de la carne contará con productos que tengan mayor vida útil y que puedan venderse a mejor precio, el consumidor obtendrá alimentos más sanos producidos y adicionados con productos de origen natural y no sintético. Además, se podrán abrir otras líneas de investigación.

Actualmente, el equipo de investigación está trabajando en colaboración con Laboratorios Minkab, empresa que está produciendo AF en grandes cantidades.

El objetivo es generar una patente sobre esta tecnología para que, en breve, el producto se encuentre disponible para la industria cárnica.

Como parte de esta colaboración con Minkab, se están explorando nuevas aplicaciones para el ácido ferúlico. En este sentido, recientemente se realizaron pruebas de alimentación con bovinos productores de carne en corral, donde se suplementó el compuesto en la dieta del ganado y los resultados revelaron que se obtuvieron ganancias diarias de peso superiores a 20 por ciento respecto a los no suplementados.

“Los resultados sugieren que el ácido ferúlico pudiera sustituir a los compuestos promotores de crecimiento de tipo sintético (beta-agonistas) que se utilizan por la industria engordadora”, concluye el doctor Humberto González Ríos.

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Ecuador fortalece el control para garantizar la inocuidad de la leche en su territorio

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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