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Brote de aftosa en Indonesia pone en alerta la ganadería de Australia

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El Consejo de Ganado de Australia reveló el pasado viernes que había recibido aviso de la detección de 1247 casos de fiebre aftosa en cuatro regencias de la provincia de Java Oriental: Gresik, Lamongan, Sidoarjo y Mojokerto.

Hace mucho tiempo no se presenta un brote en las proximidades de Australia, que hace un siglo no conoce casos de aftosa, por lo que la industria ganadera y el Gobierno están luchando para asegurar sus cadenas de suministro y limitar el riesgo de propagación a su territorio.

Por su parte, Indonesia está preparando una declaración de emergencia e intentando establecer qué cepa de la enfermedad estaba presente para poder preparar vacunas.

“El Departamento de Agricultura está trabajando para adquirir la mayor cantidad de información posible de nuestros contactos en el país y lo actualizará a medida que tenga más información disponible”, expresó el Consejo en un comunicado publicado por ABC.

Y agregó: “Indonesia es nuestro vecino más cercano con quien compartimos una asociación comercial bilateral increíblemente importante. La proximidad de Indonesia tiene implicaciones importantes para nuestro sistema de bioseguridad y el estatus libre de enfermedad”.

El portal Beef Central indicó que varios análisis han mostrado que un pequeño brote de aftosa en Australia controlado en 3 meses podría costar alrededor de AUD 7100 millones o USD 5044 millones, mientras que uno de 12 meses costaría AUD 16000 millones o USD 11 368 millones.

Sin duda, un brote también provocaría el caos en las exportaciones de ganado, y es probable que muchos mercados importantes impongan restricciones a las exportaciones australianas.

Este reporte llega en un momento en que los funcionarios de bioseguridad de Australia están invirtiendo importantes recursos en la dermatosis nodular contagiosa, que también se ha detectado en Indonesia. Por ello, anunció asistencia inmediata al gobierno indonesio.

Según The Sydney Morning Herald, la industria de la carne de res de Australia tiene un valor de alrededor de USD 14 100 millones y su industria ovina alrededor de USD 4700 mil millones.

Expertos aseguran que Australia ha estado libre de aftosa durante más de un siglo, mientras que Indonesia había estado libre de la enfermedad pero en 2014 permitió las importaciones de ganado de India, que no tiene reconocimiento oficial de la OIE para esta enfermedad.

Los medios recordaron el brote de fiebre aftosa ocurrido en Reino Unido en 2001 con 2000 casos confirmados, por el cual se sacrificaron más de 6 millones de cerdos, vacas y ovejas, con un coste estimado en 8.000 millones de libras esterlinas (9.880 millones de dólares).

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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