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Brasil Enfrenta Focos de «Lengua Azul» que Generan Preocupación en la Región

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La aparición de casos de “Lengua Azul” en bovinos y ovinos en el municipio brasileño de Santa María preocupa a Uruguay que está libre de la enfermedad.

La Dirección General de Servicios Ganaderos del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca de Uruguay exhortó a los productores a estar alerta y denunciar cualquier sospecha de la enfermedad, además de pedir que se mantengan alerta ante cualquier síntoma clínico.

¿Qué es la lengua azul?

La lengua azul es una enfermedad vírica no contagiosa que afecta a los rumiantes domésticos y salvajes (principalmente ovinos, pero también bovinos, caprinos, bufálidos, antílopes, cérvidos, wapitíes y camélidos), y es transmitida por los insectos, en particular, por la picadura de ciertas especies de mosquitos del grupo Culicoides.

El virus causante de la lengua azul es identifi cado como miembro de la familia Reoviridae. Se han identifi cado veinticuatro (24) serotipos distintos, y la capacidad de cada cepa para provocar la enfermedad varía considerablemente.

La gravedad de la enfermedad varía según las diferentes especies, con síntomas más graves en los ovinos que causan la muerte, pérdida de peso e interrupción del crecimiento de la lana. En los ovinos altamente susceptibles, la morbilidad puede alcanzar hasta el 100%. La mortalidad media es de entre 2% y 30% pero puede alcanzar el 70%.

En los bovinos la tasa de infección es con frecuencia más alta que en los ovinos y la presencia y gravedad de los signos clínicos varían según la cepa vírica. El virus de la lengua azul que circula actualmente en Europa Septentrional es interesante desde el punto de vista epidemiológico, ya que manifi esta signos clínicos en los bovinos.

En los países donde la lengua azul es endémica, hay un impacto considerable en la pérdida de oportunidades comerciales debido a las restricciones y a los costes de la vigilancia, las pruebas sanitarias y la vacunación.

La lengua azul es una enfermedad inscrita en la lista del Código Sanitario para los Animales Terrestres de la OIE y debe ser declarada a la Organización Mundial de Sanidad Animal (conforme al Código Sanitario para los Animales Terrestres de la OIE).

¿Cuáles son los signos clínicos de la enfermedad?

En los ovinos infectados, los signos clínicos son variables y pueden incluir:

– fi ebre;

– hemorragias y ulceración del tejido oral y nasal;

– salivación excesiva y descarga nasal y tumefacción de los labios, lengua y mandíbula;

– infl amación de la banda coronaria (encima de la pezuña) y cojera;

– debilidad, depresión, pérdida de peso;

– diarrea profusa, vómitos, neumonía;

– lengua “azul” como resultado de la cianosis (raro);

– las ovejas preñadas pueden abortar;

– puede haber una “interrupción” del crecimiento de la lana en los ovinos en recuperación con pérdida parcial o completa de la lana.

El Problema Actual

Brasil ya tenía presencia de esta enfermedad desde hace algunos años.

Más allá de los controles oficiales, el asesor privado y delegado de Uruguay durante más de 20 años en la OIE, Jorge Bonino Morlán, afirmó que la medida más efectiva es evitar el ingreso de animales infestados y recordó que todos los ovinos y bovinos que entran al país tienen serología negativa a la enfermedad.

La otra medida recomendada por asesores privados y técnicos oficiales es evitar todos los medios de propagación de mosquitos, incluso del Culicoide que causa la “lengua azul”. Este tipo de mosquito fue encontrado en Rocha, es común en ese departamento, pero nunca se encontró infestado.

En el municipio brasileño de Santa María hubo casos de la enfermedad en ovinos y bovinos, incluso el problema generó el cierre de Turquía para el ganado en pie.  Más allá de los controles oficiales, el éxito de mantener el estatus sanitario pasa por la prevención y la educación de toda la cadena ganadera, pero principalmente de los productores.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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