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Argentina: Utilizan Cera de Abeja para Cubrir Quesos Artesanales

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El Área Desarrollo Territorial y Lechería extrapampeana de INTI-Lácteos, sede Rafaela, realizó un trabajo de investigación sobre el uso de cera de abeja como cobertor de quesos artesanales. La iniciativa busca que los productores cuenten con una herramienta que les permita extender la vida útil y además otorgue características regionales a sus productos.

Investigación del INTI

Utilizan cera de abeja para cubrir quesos artesanales La investigación surgió como una necesidad de los productores de quesos artesanales del noroeste cordobés, quienes protegen sus productos para evitar la contaminación o el desarrollo de microorganismos, así como minimizar posibles pérdidas de humedad y aumentar la resistencia al transporte. Además, la cobertura también se utiliza por cuestiones relacionadas al aspecto visual de los quesos y su
posterior comercialización. Para llevar adelante esta acción, se aplica una protección primaria que recubre la corteza o bien se protegen las porciones una vez fraccionadas. Entre los materiales más utilizados se encuentran parafina, bolsas plásticas al vacío, papel de aluminio, pintura plástica, entre otros métodos y materiales. En este contexto,
al pensar en la cera de abeja como un posible cobertor de quesos, se buscó aprovechar un recurso disponible dado que la apicultura es una actividad muy importante en el noroeste cordobés.

En algunos casos, suele aplicarse una protección secundaria para trasportar los quesos listos para vender, por ejemplo, cajas de cartón, madera o plástico y cualquier material aprobado para su uso en alimentos.

Procedimiento y conclusiones

Como primer paso, los técnicos del INTI realizaron un ensayo aplicando tres capas de forma consecutiva a quesos semiduros de 300 gramos, con el objetivo de analizar su comportamiento tras 60 días de maduración. Los resultados de esta primera acción determinaron un comportamiento óptimo. En paralelo, se efectuaron análisis microbiológicos, fisicoquímicos y sensoriales al día cero y luego a los 30, 45 y 60 días de maduración del queso.

En una segunda instancia, se realizó un estudio comparativo entre muestras cubiertas con cera de abeja y muestras envasadas con bolsas plásticas al vacío. El análisis demostró un excelente desempeño de los quesos cubiertos con cera respecto a los quesos envasados al vacío; sin embargo, como desventajas presentó la transferencia de sabor a la corteza del queso, por ende resulta necesario retirarla para su consumo, y, además, su resistencia mecánica, como golpes e hinchazón del queso, es menor respecto al envasado con bolsas.

Este trabajo se presentó durante la Jornada Técnica de Valorización de Quesos Artesanales, realizada a fines de 2015 en las instalaciones del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), Villa Dolores, Córdoba. En la actividad participaron aproximadamente 20 productores de quesos artesanales de Traslasierra, zona donde predomina la elaboración de estos productos a partir de leche de cabra. Allí, se expusieron los resultados de los análisis microbiológicos, fisicoquímicos y sensoriales sobre los quesos utilizados en los ensayos. Además, se mencionaron las ventajas y desventajas de la utilización de cera y se destacaron las características territoriales que brindan un valor agregado al producto, dado que puede convertirse en un envase distintivo y típico de la zona. Por último, se realizó una demostración práctica de la aplicación de cera en quesos artesanales.

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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