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Argentina – Premian la Plataforma del INTA para el Desarrollo de Vacunas Veterinarias

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Esta alternativa para el desarrollo de inmunizaciones, que contribuyen a controlar y prevenir enfermedades que afectan a la salud animal, obtuvo la distinción La Nación-Banco Galicia (Argentina) a la excelencia agropecuaria como mejor trabajo de investigación.

El conocimiento generado desde la plataforma del Instituto de Biotecnología (IB) del INTA Castelar, para la obtención de vectores basados en virus, fue premiado en la XVI edición del Premio a la Excelencia Agropecuaria en la categoría Mejor trabajo de Investigación. En ese marco, el organismo consiguió el único galardón para el sector público entregado este año por La Nación-Banco Galicia, en La Rural de Palermo.

Se destaca por constituir una alternativa viable para la producción de vacunas que contribuyen a controlar y prevenir enfermedades que afectan a la salud animal, la que actualmente ya cuenta con la primera vacuna biotecnológica argentina para pollos y, en fase de evaluación en bovinos, otra destinada a la prevención del virus de la rabia.

Juan Balbín, presidente del INTA, agradeció al jurado y a los sponsors del premio por el reconocimiento y recalcó el recorrido de un “trabajo de 20 años para el desarrollo de la primera vacuna”, que continúa con nuevos aportes “en salud animal y también en salud humana”.

Valorando el hecho de ser el único organismo del sector público distinguido en esta edición, Gabriela Calamante -investigadora del IB-, aseguró: “Para nosotros es sumamente importante que estemos acá con el INTA”. En ese sentido, expresó: “Le agradezco a todo el personal a todos los profesionales, técnicos y personal de apoyo que trabajó para que estemos hoy acá; es un trabajo en equipo”.

También manifestó la importancia de “seguir aportando en investigación y desarrollo para poder llegar con un producto que sirva para el sector”. En esa línea, consideró que el galardón es una oportunidad para darle valor al trabajo de la institución. “Sobre todo en esta época, en la cual estamos pasando por un momento de recorte presupuestario, mostrar que invertir en ciencia y tecnología es fundamental para seguir adelante”, expresó.

En relación con el logro reconocido como mejor trabajo de investigación, explicó: “Implementamos plataformas para la obtención de vectores basados en virus que son atenuados, es decir, incapaces de infectar productivamente a aves y mamíferos”.

En esta búsqueda de nuevas inmunizaciones seguras y efectivas, “hoy ofrecemos a las explotaciones avícolas comerciales la primera vacuna vectorizada desarrollada en el país con capacidad para proteger a las aves contra la Enfermedad Infecciosa de la Bursa (IBD), conocido como enfermedad de Gumboro”, indicó y agregó: “Una afección altamente contagiosa e inmunosupresora en pollos jóvenes que provoca pérdidas en aves de producción”.

La inmunización vectorizada por virus canarypox -vector de la viruela de los canarios- cuenta con capacidad de inducir inmunidad protectora en aves de producción. Un desarrollo que iniciaron Calamante, junto a un equipo de investigadores del IB hace 20 años y, en 2012, en articulación con Laboratorios Inmuner S.A., comenzaron a trabajar en la obtención de R-VAC INMUNER IBD que ya se presentó en el mercado veterinario.

Actualmente, este instituto del INTA y del Servicio de Vacuna Antirrábica de la ANLIS-Malbrán avanzan en una vacuna antirrábica de tercera generación. Un hecho significativo para el país donde se busca una formulación más segura, eficaz y que “evite la manipulación del virus rábico durante su producción”, aclaró Calamante.

Desde hace 7 años trabajan en una vacuna antirrábica basada en vectores virales no replicativos. “Tiene la ventaja de evitar la manipulación de los agentes infecciosos que causan la enfermedad durante la producción de los stocks vacunales y, además, como no replica productivamente en mamíferos se evita su diseminación hacia otros animales o el medioambiente”, explico la investigadora.

Al respecto, ya se encuentra en la etapa de evaluación en bovinos para determinar los niveles de anticuerpos seroneutralizantes del virus rábico y su duración en el tiempo. Esta tecnología consistente en la implementación de los sistemas de vectores poxvirales posiciona estratégicamente al INTA en el país y el mundo, dado que estos vectores no se encuentran disponibles comercialmente ni existen laboratorios argentinos que posean la plataforma.

Estos antecedentes también demuestran la capacidad del INTA de cumplir exitosamente las etapas regulatorias –requeridas por la CONABIA y el SENASA- para el registro de una vacuna veterinaria basada en un microorganismo genéticamente modificado.

En esta edición del premio, que cuenta con el auspicio de la Fundación Ford y del Instituto de Promoción de la Carne Argentina (IPCVA), se recibieron 255 postulaciones para las 11 categorías en la que se divide.

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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