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Argentina Busca Fortalecer la Competitividad de su Carne para Expandirse a más mercados

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Frente a un panorama mundial complejo, las exigencias comerciales escalan y presentan nuevos desafíos al sector agropecuario. En este caso, la carne bovina argentina, un producto que se destaca en las góndolas de todo el mundo por su prestigio y calidad, busca fortalecer su competitividad y sustentabilidad con datos científicos.

En esta línea, Rubén Geneyro, Juan José Grigera Naón presidentes del INTI y del IPCVA, respectivamente y Nacira Muñoz vicepresidenta del INTA, firmaron un convenio por el que, las entidades que representan, trabajarán en la determinación del impacto ambiental de la carne bovina sin hueso refrigerada y envasada al vacío, en el marco del Análisis de Ciclo de Vida (ACV).

En este punto, la vicepresidenta del INTA destacó el aporte técnico y científico del organismo para desarrollar e implementar mejoras en toda la cadena. “Es sumamente importante conocer el estado actual de situación en términos de trazabilidad y del impacto ambiental”, explicó.

Además, agregó: “Esta información de diagnóstico permitirá corregir, de ser necesario, las perspectivas” y subrayó: “La corrección y el abordaje siempre es parte de una propuesta de desarrollo e implementación”.

Por su parte, Geneyro ponderó el acuerdo y lo consideró “un paso muy importante” en el que el INTI complementa capacidades con el INTA, en articulación con el sector privado representado con el IPCVA. “Es una alianza estratégica para un tema estratégico”, aseguró el presidente del INTI.

“La sustentabilidad de nuestra producción es clave pensando en los mercados externos”, explicó Geneyro, quien destacó la importancia de analizar la huella ambiental y de contar con una certificación ambiental del producto. “Es un paso estratégico, haciéndolo de forma conjunta de manera articulada de manera público privada”, indicó, al tiempo que sostuvo: “Creemos que es la mejor forma de trabajar pensando en la necesidad de seguir ampliando y consolidando mercados externos”.

La investigación buscará analizar la huella ambiental de la cadena para lo cual estudiará indicadores para respaldar la sustentabilidad del producto frente a las exigencias del mercado internacional. La solidez científica de la propuesta de investigación y el prestigio de las instituciones intervinientes le otorgan al proyecto importancia estratégica para nuestro país.

Además, se trata de una experiencia de interacción público privada con pocos antecedentes a escala internacional. El trabajo tendrá una duración de 18 meses y será coordinado por Javier Echazarreta del INTI y Rodolfo Bongiovanni del INTA.

Durante ese tiempo, se evaluarán diversos indicadores ambientales, tales como la modelización y el análisis de los sistemas productivos primario, industrial y de consumo, incluyendo la logística de transporte.

Para esto, se contará con información detallada de las plantas frigoríficas exportadoras y de los productores proveedores de hacienda, lo que conforma una muestra representativa de las realidades de diversas regiones productivas del país.

Los resultados del trabajo permitirán fortalecer al producto y generar valor agregado ambiental al facilitar la adopción de métodos de producción sustentables que satisfagan las crecientes preocupaciones de los consumidores.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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