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Chile invierte en inocuidad alimentaria instalando 350 salas certificadas para procesos de alimentos

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Las instalaciones permiten a miles de pequeños agricultores transformar materias primas en productos elaborados o semielaborados, garantizando la inocuidad y calidad alimentaria. La nueva infraestructura se acompaña por más de 600 nuevas resoluciones sanitarias.

“Un sueño hecho realidad”. “El último escalón para mi proyecto comercial”, “Una puerta para ampliar mi red de clientes”. Son comunes las expresiones de productores de la agricultura familiar e indígena en distintos puntos de Chile al evaluar lo que significa para sus proyectos económicos el acceso a salas de procesos para sus alimentos.

El último reporte actualizado señala que son 364 las salas de procesos que se han construido y puesto a disposición de agricultores y agricultoras en los últimos 4 años. El alcance de esta infraestructura es exponencial, especialmente considerando que un gran número de ellas son salas de tipo asociativo, beneficiando a más de un millar de familiar campesinas de todo el país.

En conjunto a esta infraestructura, desde 2022 a la fecha se han emitido más de 600 resoluciones sanitarias para emprendedores rurales, muchas de las cuales permiten a los productores acreditar la calidad e inocuidad de sus productos, formalizar sus negocios y abrirse paso a espacios de comercialización como supermercados, restaurantes y la exportación.

La ingeniera en Alimentos, Lourdes Soto, es funcionaria en INDAP Valparaíso, ya su cargo han estado las gestiones en los últimos años que han permitido la extensión de la cobertura de salas de procesos tanto individuales como asociativas en esa región.

“El tema de las resoluciones sanitarias cuesta tanto por todas las exigencias que conllevan, ya sea, de partida, que tengan saneamiento básico, una infraestructura acorde con el reglamento sanitario y de alimentos. Nosotros somos uno de los países más exigente en Latinoamérica en normas de inocuidad. En el área de alimento somos muy exigentes y por eso que estas salas en procesos pueden ser una alternativa”.

VALPARAÍSO ASOCIATIVO

Una de las últimas salas de procesos inauguradas en el país fue una de tipo asociativo en San Esteban (Valparaíso).  Al alero de una agrupación de 20 productores y disponible para todos los usuarios de INDAP de la comuna, con esta sala ya suman 4 las instalaciones de uso colectivo que se han levantado en los últimos años en esta región luego de Petorca, Zapallar y Casablanca.  La estrategia en este caso ha sido levantar estos proyectos como soluciones para un conjunto organizado de agricultores, con inversiones resueltas en cada etapa a través de los programas de INDAP, y otros recursos municipales, regionales y privados. Sean individuales o de este tipo asociativo, la profesional Lourdes Soto presenta las carpetas de solicitud de resoluciones una vez que las obras con todo en regla ya se han concretado.

Estefanía Contreras (33) ya está probando los procesos en esa sala para su empresa familiar  «Tu Sabor Natural” , la que se dedica especialmente a la producción de hortalizas hidropónicas. Ella ya está conectada con restaurantes y sabe que gracias a esta infraestructura mejorará sus oportunidades.

“La sala de procesos es un sueño hecho realidad. Gracias a todas las gestiones podemos decir ¡tenemos sala de proceso! El hecho de procesar mis productos acá me abre una gran puerta y una gran oportunidad de vida. Yo considero que la sala de proceso en cualquier parte del país es fundamental. Cuando uno tiene su sala usted se siente más seguro en el campo, yo los invito, somos 20 personas, somos 50, sacamos una sala de procesos adelante”.

Un poco más al oriente, en las estribaciones cordilleranas de esa comuna, sector El Carrizo, Margarita Alfaro (57), también ve una enorme posibilidad para su actividad, la cual califica de “multifacética”: frutas frescas, hortalizas, frutos secos, huevos, mermeladas y una incipiente oferta de agroturismo que quiere mejorar.

“Para mí es muy importante la calidad del producto, la limpieza, porque yo empecé a producir para mí y para mi familia, y cuando se nos presenta la oportunidad de salir al mercado, el cliente prueba y le gusta lo que está consumiendo. Ahora todo el año habrá instancias en que yo voy a estar procesando. En esta época es fruta fresca, conservas y mermeladas, luego los frutos secos, las nueces, la almendra, lo que venga.”

La guinda de la torta para el trabajo desarrollado en la Región de Valparaíso durante los últimos años ocurrirá en las próximas semanas a 670 kilómetros de las costas continentales chilenas, más específicamente en San Juan Bautista, Archipiélago Juan Fernández, donde avanza el proyecto para una sala de procesos comunitaria que permita a campesinos de productos endémicos de la zona contar con instalaciones adecuadas para la comercialización formal hacia Chile y el mundo.

LA ARAUCANÍA INSIGNE

Un lugar donde está muy bien representada la brecha para alcanzar resoluciones sanitarias es en el interior de La Araucanía: alta población rural, altos niveles de pobreza, muchos sectores sin servicios sanitarios básicos y algunos incluso sin agua con la calidad requerida para procesos. Esa madeja de problemas comenzó a desatarse con la puesta en marcha de un convenio entre INDAP y la Secretaría Regional Ministerial de Salud, convirtiendo a la región en modelo de gestión de las resoluciones sanitarias para los procesos de la agricultura familiar, campesina e indígena, a través de la asignación de recursos desde INDAP a la seremi de Salud que actualmente dispone de personal dedicado exclusivamente a gestionar las tramitaciones de agricultores y agricultoras usuarios de INDAP, lo cual permite una velocidad inusual para este tipo de trámites.

Evelyn Aguilera, apicultora de Los Sauces, y José Huentelaf, productor de quesos de Loncoche, son parte de los agricultores que ya cuentan con sala de procesos operativas y con resolución sanitarias con apoyo de INDAP en La Araucanía.

Seguridad alimentaria para la población, protegiéndola de riesgos de enfermedades asociadas al consumo de alimentos contaminados o inseguros, es el fin mayor de estas estrategias. Empujar a los agricultores y sus sueños es parte de la fibra de las y los funcionarios de INDAP y la meta también de estas exitosas políticas de acción pública multisectorial.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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