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Conoce la transformación de la industria lechera de EE.UU gracias a Genómica

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Gracias a la genómica, la producción de leche ha experimentado un impresionante incremento del 19,2 %, y la grasa en leche ha aumentado aún más, alcanzando un 32,2 % más en comparación con los niveles de hace 16 años.

Según un informe de Knowledge Exchange de CoBank, citado por Feedstuffs, la inversión ha dado buenos resultados para toda la industria en términos de producción y eficiencia, optimizando el potencial genético de sus rebaños para la producción de leche, la salud animal y el rendimiento de la empresa ganadera.

Los animales han sido genotipados para docenas de rasgos genéticos clave relacionados con la producción y calidad de la leche, la eficiencia alimenticia, la viabilidad reproductiva y la salud de las vacas.

Aunque el tamaño del rebaño lechero estadounidense solo ha aumentado 1 % desde 2008, la producción de leche ha experimentado un impresionante incremento del 19,2 %, y la grasa en leche ha aumentado aún más, alcanzando un 32,2 % más en comparación con los niveles de hace 16 años.

Estos resultados no solo se deben a mejoras en la nutrición y el bienestar animal, sino que la genómica ha desempeñado un papel crucial en este proceso. La genómica ha permitido a los productores tomar decisiones informadas, logrando mejoras notables en la composición de la leche. Niveles más altos de proteína y grasa en leche son directamente atribuibles al uso estratégico de la genómica en la toma de decisiones dentro de la industria.

Lo que a menudo se pasa por alto es el impacto positivo que la adopción de la genómica ha tenido en la sostenibilidad de la industria láctea, según CoBank. Al optimizar la genética de sus rebaños, los productores han criado nuevas generaciones de vacas capaces de producir más leche, grasa láctea y proteínas con menos recursos.

Corey Geiger, economista principal de productos lácteos de CoBank, subraya que la historia no contada de la genómica láctea es su impacto en la sostenibilidad. Cada año, la industria láctea estadounidense necesita menos vacas para producir la misma cantidad de leche.

«Eso se traduce en una menor producción de metano, una menor huella de carbono y menos alimento necesario para cada unidad de leche. La genómica está teniendo un profundo impacto en la sostenibilidad de los lácteos y el potencial de mejora es enorme», aclaró.

La ciencia genómica se basa en la comparación del ADN de un animal con el desempeño fenotípico de toda la población. Esto permite a los productores evaluar cada animal en busca de rasgos genéticos clave y tomar decisiones informadas que impulsen la genética general del rebaño. (Lea en CONtexto ganadero: ¿Sabe cómo se aplica la genómica en la ganadería?)

Un indicador clave del progreso genético en términos de sostenibilidad es el Índice de Mérito Neto (NM$), ampliamente implementado en todas las razas lecheras importantes. Este índice, formulado por genetistas del USDA y publicado por el Consejo de Crianza de Ganado Lechero, indica que la selección genómica ha generado un valor adicional de USD 70 por vaca al año.

Geiger señala que apenas se ha explorado el potencial completo de la genómica láctea y que se esperan avances significativos en los próximos años. La ciencia genómica tiene la capacidad de identificar nuevos rasgos que podrían reducir aún más las emisiones de metano y la huella de carbono de las operaciones lácteas.

En colaboración con la Fundación para la Investigación Agrícola y Alimentaria, el CDCB está trabajando para recopilar datos que permitan estudiar a fondo las oportunidades de reducción de metano y carbono. Además, la Greener Cattle Initiative y su consorcio de investigación han destinado USD 5 millones para apoyar la investigación que mitigue las emisiones entéricas de metano.

En última instancia, el objetivo es recopilar datos que respalden una evaluación genómica nacional de las emisiones de metano. Geiger concluye que, impulsado por la genómica, este trabajo abrirá el próximo capítulo en la cría de vacas más sostenibles, consolidando a la industria láctea de Estados Unidos como líder en la vanguardia de la sostenibilidad.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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