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Colchonetas para vacas ¿cómo funcionan y de qué material están hechas?

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Las nuevas colchonetas para vacas de la marca holandesa Cowhouse son el resultado de 20 años de experiencia y se han desarrollado desde la perspectiva de lo que realmente necesita una vaca. Fueron probadas en varias granjas lecheras de alto nivel en Holanda, donde los ganaderos experimentaron una mejora en la comodidad de sus vacas y se registraron importantes ahorros en mano de obra.

¿Cómo funciona la colchoneta ‘Dutch Mountain?

La colchoneta “Dutch Mountain” está diseñada para adaptarse al cuerpo de la vaca y seguir todos los movimientos que hace. La parte superior de la colchoneta consta de una cubierta superior elástica y permeable al aire, lo que permite una buena flexibilidad. La espuma ‘Milik’ especialmente desarrollada tiene un grosor de 14 centímetros en la parte delantera y 10 centímetros en la parte trasera. Por lo tanto, las vacas descansan cómodamente y durante más tiempo.

Según la compañía, la colchoneta aumenta el tiempo de descanso y la producción de leche de las vacas. Cada hora extra que una vaca está acostada da como resultado 1,5 litros extra de leche diarios. Las colchonetas Cowhouse no solo mejoran la comodidad y el bienestar de las vacas, sino que también ahorran tiempo y esfuerzo para los ganaderos. Al tener vacas más cómodas, los ganaderos pueden reducir el tiempo y los costos asociados con el tratamiento de las lesiones en las patas y otras enfermedades.

El centro de pruebas de calidad ‘DLG’ en Alemania ha probado exhaustivamente la colchoneta y le ha otorgado el certificado de calidad aprobado por la DLG, con una puntuación muy alta.

¿De qué material está hecha la colchoneta para vacas?

1. Cubierta superior de polipropileno 3D: una superficie suave al tacto y transpirable

La colchoneta ‘Dutch Mountain’ tiene una funda superior fuerte y elástica que se adapta perfectamente a cada movimiento del colchón. Fabricada en polipropileno antibacteriano, es suave al tacto y transpirable. Esto ayudará a reducir el desprendimiento de pelo y piel muerta de las articulaciones de la vaca.

2. Espuma Milik: la espuma Dutch Mountain tiene un grosor total de 14 cm con una inclinación de hasta 10 cm en la parte posterior.

El colchón está hecho de una espuma elástica especial desarrollada por Cowhouse International después de muchos años de pruebas. Gracias a su grosor excepcional, las pezuñas de una vaca pueden penetrar profundamente en la espuma. Esto le dará la tracción perfecta para levantarse.

Debido a la excepcional suavidad de Dutch Mountain, la vaca no tendrá dolor al acostarse. Gracias a su espuma resistente y elástica, no sentirá ninguna presión sobre las articulaciones, nervios o vasos sanguíneos. Las vacas se acuestan más rápido y por más tiempo, lo que resulta en una mayor producción de leche, menos estrés y una mejor salud

3. Recubrimiento impermeable: Funda protectora de goma duradera de 1 mm de espesor protege la colchoneta del agua y suciedad.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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