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Nuevo Caso de “vaca loca” Interrumpe Comercio de Carne, esta vez en Canadá

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La administración de aduanas china ha dejado de emitir certificados para carne de res y productos cárnicos de Canadá, aunque las pieles siguen siendo elegibles, según un comunicado de la Agencia Canadiense de Inspección de Alimentos (CFIA, por sus siglas en inglés).

“La Administración General de Aduanas de la República Popular China (GACC) está buscando más detalles sobre el caso de EEB atípica”, apuntó la CFIA.

Por su parte, Filipinas también emitió una suspensión temporal el 5 de enero para los productos de carne procedentes del mismo país, luego de que Canadá informó del caso a la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) el 17 de diciembre de 2021.

A diferencia de los casos de EEB clásica, la EEB atípica aparece espontáneamente en bovinos de mayor edad, incluso en países donde nunca se ha reportado de EEB clásica.

Dado que es un caso atípico, Canadá mantiene su estatus de riesgo insignificante con la OIE, pero los gobiernos de China, Filipinas y Corea del Sur han suspendido las importaciones mientras buscan información más detallada que va más allá de los requisitos de la OIE.

“Entendemos que China ha pedido más detalles sobre el caso atípico y el gobierno de Canadá está totalmente comprometido en responder a esas preguntas y está trabajando para resolver esto lo antes posible”, indicó Dennis Laycraft, vicepresidente ejecutivo de la Asociación Canadiense de Ganaderos.

Anteriormente, China prohibió las importaciones de carne de su mayor proveedor, Brasil, luego de un par de casos atípicos de EEB que se informaron en septiembre de 2021, y que solo fueron reanudadas por el gobierno del gigante asiático a partir de diciembre, más de 3 meses después.

Mientras tanto, los funcionarios del gobierno canadiense dicen que proporcionaron al gobierno de Corea del Sur la información que buscaba antes del período navideño. Todavía esperan una resolución “pronto”, pero no se ha dado un cronograma.

“El Gobierno de Canadá confía en la solidez de las salvaguardas contra la EEB de Canadá y en la seguridad de la carne de res canadiense”, añadió el organismo canadiense que inspecciona los alimentos.

También aseguró que está “en estrecha comunicación con las industrias del ganado y la carne de res con respecto al asunto, y continuará trabajando con la sector para restaurar el comercio y mantener el pleno acceso al mercado para la carne de res canadiense”.

Según Statistics Canada, las exportaciones de carne canadiense a China en 2020 alcanzaron un valor aproximado de 103 millones de dólares. Entre enero y octubre de 2021, las exportaciones duplicaron las del mismo periodo de 2020, llegando a 165 millones de dólares.

Las exportaciones de carne vacuna canadiense a Corea del Sur totalizaron poco más de 45 millones en 2020, mientras que las exportaciones a Filipinas en 2020 valieron poco más de 5 millones. Su mayor mercado es EE. UU., que registraba 72 % de las compras en 2019.

Respecto del caso de EEB, se conoció que se presentó en una vaca de carne de ocho años y medio en la provincia de Alberta. El ministro de Agricultura de Alberta, Nate Horner, ha subrayado que el caso es atípico, por lo que no presenta ningún riesgo para la salud humana y no es transmisible.

De hecho, es el primer caso de encefalopatía espongiforme bovina (BSE) en la provincia en casi seis años. Un veterinario visitó la granja y se dio cuenta de que el ejemplar estaba lesionado y presentaba algunos signos neurológicos.

“Canadá continúa implementando una prohibición mejorada de alimentación que incluye controles estrictos para la exclusión de materiales de riesgo especificados de toda la cadena de alimentación animal y fertilizantes”, dice el informe de la OIE.

Horner dijo que la EEB atípica ocurre espontáneamente a una tasa de alrededor de uno en un millón de bovinos independientemente de qué tan bien un productor cuide su rebaño. Se ha informado seis veces en los EE. UU., la más reciente en 2018, así como en algunos otros países, anotó.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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