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Descubren Método en Sangre que Mejora el Diagnóstico de Tuberculosis Bovina

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Un equipo de investigadores de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y del Centro de Investigación Cooperativa en Biomateriales (CIC biomaGUNE) ha desarrollado un método de diagnóstico de tuberculosis bovina en sangre que supera las limitaciones de las técnicas actuales. 

La tuberculosis bovina es una enfermedad bacteriana que produce debilitamiento, neumonía y hasta la muerte en el animal, que a su vez puede contagiar al ser humano. El test de la tuberculina en piel genera falsos positivos en sujetos sanos vacunados y en otros infectados con otras bacterias. La técnica presentada en Transboundary and Emerging Diseases es más sensible, barata y rápida que las actuales.

“Además de mejorar el diagnóstico de los sujetos enfermos, evita el sacrificio de un gran número de sujetos no infectados que son considerados actualmente positivos”, destaca José Izquierdo, investigador del Instituto Pluridisciplinar de la UCM, de la Facultad de Farmacia y del CIBER de Enfermedades Respiratorias (CIBERES).

El método desarrollado identifica un patrón metabólico moléculas que participan en reacciones químicas de los seres vivos– en muestras de sangre. Estos metabolitos se miden en medicina de forma habitual, como la glucosa o el ácido úrico en sangre.

“La diferencia de nuestro método es que somos capaces de hacer una instantánea de todos lo metabolitos de una muestra biológica e identificar cómo una infección modifica todos los metabolitos del huésped de forma simultánea. Este patrón distintivo es una especie de huella dactilar que nos permite diagnosticar a los sujetos infectados incluso antes de que tengan síntomas visibles”, explica Izquierdo.

Muestras vascas, gallegas y del centro peninsular

Para llevar a cabo el estudio, los investigadores analizaron muestras de vacas procedentes de explotaciones del País Vaco con diferentes perfiles: infectadas por tuberculosis, sanas vacunadas, sanas sin vacunar e infectadas por otra bacteria similar, la paratuberculosis.

El análisis de la muestra sanguínea se realizó por espectroscopía de resonancia magnética de sobremesa, cuyos resultados se obtienen en quince minutos. La herramienta se validó después con vacas procedentes del centro peninsular y de Galicia.

El siguiente paso de la investigación, una vez se demuestre su eficacia en muestras más grandes, es verificar su viabilidad para el diagnóstico de la tuberculosis humana o su aplicación en otras enfermedades como la insuficiencia respiratoria por COVID-19.

“Dentro del concepto de ‘One Health’, la salud humana y la sanidad animal son interdependientes y están vinculadas a los ecosistemas en los cuales coexisten, como hemos visto en la pandemia de COVID-19”, recalca el investigador de la UCM.

Por eso, añade, “es necesario desarrollar herramientas para el control de enfermedades veterinarias, mejorando las condiciones de estos animales y la rentabilidad de la industria, así como su transmisión a los seres humanos”.

Además de la Facultad de Farmacia de la UCM y del CIC biomaGUNE, en el trabajo han participado el Centro de Vigilancia Sanitaria Veterinaria (VISAVET) de la UCM, la Xunta de Galicia y el Instituto Vasco de Investigación y Desarrollo Agrario NEIKER-Tecnalia.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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